Los términos de Señorío y Divinidad en el Corán y en la Biblia:

Entre lo literal y lo metafórico

Señor

Muchas veces, el uso de los términos de Señorío y Divinidad en las sagradas escrituras es metafórico, no literal.

En las Sagradas Escrituras, a menudo notamos el uso de los términos de señorío y divinidad. En muchos casos, tal uso no pretende ser literal sino metafórico, dada la inaplicabilidad del señorío y la divinidad a aquellos descritos como “señores” o “dioses” en algunos pasajes.

Por desgracia, este uso metafórico dio lugar a creencias claramente falsas entre los seguidores de algunas religiones abrahámicas, especialmente el cristianismo, por ausencia de las versiones originales del Evangelio o por falta de conocimiento de la lengua materna de dichas versiones, así como sus usos, ya sean literales o metafóricos.

La pérdida de las versiones originales que fueron escritas durante la vida de Jesús o poco después de su Ascensión y la consiguiente distorsión y alteración condujeron a grandes errores, sobre todo en el credo cristiano.

En este artículo, voy a tratar con los términos de señorío y divinidad tanto en el Corán como en la Biblia, especialmente el Nuevo Testamento, para indicar qué significados son literales y cuáles son metafóricos. Voy a comenzar con el término “Señor” en el Corán y en la Biblia.

El término “Señor” (señorío)

El término “Señor” (Rabb en árabe) se utiliza en el Corán para referirse a la Deidad en todos sus usos, con algunas excepciones. Por ejemplo, leemos en el segundo verso de la apertura del capítulo del Corán (Al-Fatiha) después de la Basmalah (la invocación inicial: en el nombre de Dios, el Compasivo, el Misericordioso):

“Las alabanzas a Allah, Señor de los mundos.
” (Al-Fatiha 1:2)

También leemos:

“¡Hombres! Adorad a vuestro Señor que os ha creado a vosotros y a los que os precedieron. Tal vez así os guardéis.” (Al-Baqara 2:21)

Está bastante claro que el término “Señor” se utiliza aquí para referirse a la Deidad.

Sin embargo, hay algunos usos excepcionales del término “señor” en el Corán que se refieren a los maestros humanos en lugar de la Deidad. Por cierto, tal uso era común en árabe clásico. Los árabes del pasado solían utilizar el término “señor” en el sentido de un maestro o un propietario y no solo la Deidad.

Por ejemplo, el Corán relata la historia de profeta José (Yusuf en árabe) de la siguiente manera:

“Entonces aquella en cuya casa estaba lo requirió, cerró las puertas y le dijo: Ven aquí. Él contestó: ¡Que Allah me proteja! Mi señor me ha dado el mejor refugio. Es cierto que los injustos no tienen éxito.” (Yusuf 12:23)

El Corán nos dice aquí que el profeta José se refirió al gobernador (Al-Aziz en árabe) como “mi señor”, es decir, mi amo. No se refería a la Deidad.

Otros usos similares se repiten en el mismo capítulo del Corán. El Corán también cita profeta José diciendo:

“¡Compañeros de cárcel! Uno de vosotros escanciará vino a su señor mientras que el otro será crucificado y los pájaros comerán de su cabeza.
El asunto sobre el que me habéis consultado ha sido decretado. Le dijo al que de los dos suponía salvado: Háblale de mí a tu señor. Pero el Shaytán hizo que se olvidara de mencionarlo y permaneció en la cárcel varios años.” (Yusuf 12:41-42)

“Y dijo el rey: ¡Traedlo ante mí! Y cuando el mensajero llegó a él, éste le dijo: Vuelve a tu señor y pregúntale cómo fue que aquéllas mujeres se cortaron en las manos, ciertamente mi señor conoce su artimaña.” (Yusuf 12:50)

Dado que el uso del término “Señor” como una referencia a algo distinto de la Deidad es muy escaso en el Corán, su uso metafórico para otro que Allah no ha dado lugar a ningún problema dogmático.

En cuanto al término “Señor” en la Biblia, vemos que se utiliza para referirse a la Deidad y también a Jesús. En el Antiguo Testamento, leemos: “Hijo mío, si te adelantas para servir al Señor, prepárate para la tentación.” (Eclesiástico 2:1) El término “Señor” aquí se refiere a la Deidad.

En el Nuevo Testamento, leemos también: “Ellos dijeron: Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa”. (Hechos 16:31) También leemos: “Por tanto, de la manera que habéis recibido al Señor Jesucristo, andad en él; arraigados y sobreedificados en él, y confirmados en la fe, así como habéis sido enseñados, abundando en acciones de gracias” (Colosenses 2:6-7). En estos versículos, vemos que el término “Señor” se refiere a Jesucristo en lugar de la deidad omnipotente.

Sin embargo, ¿puede ser la deidad omnipotente el Señor y Jesús ser el Señor, literalmente? El uso del término “Señor” como una referencia a Jesús es una metáfora, dada la imposibilidad de aplicarle a él el señorío. Hay muchas pruebas para ello tanto en el mismo Nuevo Testamento como en el Antiguo Testamento.

Por ejemplo, en el Nuevo Testamento, leemos: “Le respondió Simón Pedro: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. Y nosotros hemos creído y conocemos que tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente” (Juan 6:68-69).

Aquí, una pregunta importante debe surgir: ¿cómo puede ser Jesús “Señor” y “el Hijo de Dios”, literalmente, al mismo tiempo? O Jesús es el Señor, o es el Hijo del Señor.

De hecho, el señorío literal de Jesús es negado en virtud de la Biblia misma, incluyendo el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento. En el Nuevo Testamento, leemos: “Jesús le respondió: El primer mandamiento de todos es: Oye, Israel; el Señor nuestro Dios, el Señor uno es” (Marcos 12:29, Mateo 4:10).

Por otra parte, el Antiguo Testamento abunda en los versos que confirman el señorío exclusivo de la deidad omnipotente y que refutan el señorío literal de cualquier otra persona.

El término “Dios”

Se utiliza en el Corán solo para referirse a la Deidad. No se utiliza para referirse a cualquier otra persona, ya sea literal o metafóricamente. En el Corán, leemos:

“¿Acaso estabais allí, presentes, cuando le vino la muerte a Yaqub? Cuando dijo a sus hijos: ¿Qué adoraréis cuando yo ya no esté? Dijeron: Adoraremos a tu Dios y al Dios de tus padres Ibrahim, Ismail e Ishaq, que es un Dios Único; y a Él estaremos sometidos.” (Al-Baqara 2:133)

También leemos:

“Vuestro dios es un Dios Único, no hay dios sino Él, el Misericordioso, el Compasivo.” (Al-Baqara 2:163)

En cuanto al Nuevo Testamento, Jesús se menciona a menudo como “el Hijo de Dios”. Por ejemplo, leemos: “Y Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua; y he aquí cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él. Y hubo una voz de los cielos, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia”. (Mateo 3: 16-17)

También leemos: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí”. (Gálatas 2:20)

De hecho, las referencias a Jesús como “el Hijo de Dios” son muchas en el Nuevo Testamento. Sin embargo, ¿es Jesús “Hijo de Dios” literalmente o metafóricamente? Literalmente hablando, Jesús no puede ser el Hijo de Dios, dado el hecho de que él no es el único que está descrito de esta manera en la Biblia.

Muchas personas y seres son referidas como “los Hijos de Dios” en la Biblia. Por ejemplo, los ángeles se conocen como los Hijos de Dios (Job 1:6, 1:2 y 7:38; Salmos 29:1 y 6:89; Daniel 3:25). Adam también se conoce como el Hijo de Dios (Lucas 3:38), los hijos de Israel también se conocen como los Hijos de Dios (Éxodo 4: 22-23; Deuteronomio 1:14 y 32: 5,6,19; Isaías 43: 6,7; Oseas 1:10).

Dios no puede ser considerado el padre de Jesús, literalmente, simplemente porque David también se conoce como el padre de Jesús en el Nuevo Testamento, a pesar de que no era su padre literalmente, sino metafóricamente. En el Nuevo Testamento, leemos: “Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre”. (Lucas 1:32)

Está claro que Jesús no puede ser el hijo de Dios y de David al mismo tiempo. Por lo tanto, este es un uso metafórico y no literal. No es de extrañar, se observa que el Nuevo Testamento se refiere a algunas personas como dioses metafóricamente en lugar de literalmente. Esto indica que el uso metafórico es común en la Biblia.

Por ejemplo, los hijos de Israel se mencionan como dioses. En la Biblia leemos: “Entonces los judíos volvieron a tomar piedras para apedrearle. Jesús les respondió: Muchas buenas obras os he mostrado de mi Padre; ¿por cuál de ellas me apedreáis? Le respondieron los judíos, diciendo: Por buena obra no te apedreamos, sino por la blasfemia; porque tú, siendo hombre, te haces Dios. Jesús les respondió: ¿No está escrito en vuestra ley: Yo dije, dioses sois? Si llamó dioses a aquellos a quienes vino la palabra de Dios (y la Escritura no puede ser quebrantada)”. (Juan 10:31-35)

El Antiguo Testamento cita a la Altísima Deidad prometiendo al profeta Moisés ser un Dios. En el Antiguo Testamento leemos: “Jehová dijo a Moisés: Mira, yo te he constituido dios para Faraón, y tu hermano Aarón será tu profeta”. (Éxodo 7:1)

Del mismo modo, también leemos: “Yo dije: Vosotros sois dioses, y todos vosotros hijos del Altísimo” (Salmos 82:6). Lo que es más, el mismo Satanás se conoce como un dios en la Biblia. Leemos: “El dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios”. (2 Corintios 4:4) Todo lo cual demuestra que el uso metafórico es común en la Biblia.

La prueba de este uso metafórico se encuentra en la Biblia misma. Esto demuestra que Dios es uno solo y no tiene pareja, hijo o engendrado. En el Nuevo Testamento, leemos: “Sólo hay un Dios” (Romanos 3:30 y 1 Timoteo 2:5), “Sabemos que no hay tal cosa como un ídolo en el mundo, y que no hay Dios sino uno” (1 Corintios 8: 4), “Dios es uno” (Gálatas 3:20; 1 Tesalonicenses 1:9; Santiago 2:19; Efesios 4: 6, Judas 1:25).

En el Antiguo Testamento leemos: “Ved ahora que yo, yo soy, Y no hay dioses conmigo” (Deuteronomio 32:39; Éxodo 20: 3, 2 Samuel 7:22; 1 Reyes 8:60), “Sólo tú eres Dios” (Salmos 86:10 y Malaquías 2:10), “Así dice Jehová Rey de Israel, y su Redentor, Jehová de los ejércitos: Yo soy el primero, y yo soy el postrero, y fuera de mí no hay Dios” (Isaías 44: 6 y 9), (Isaías 45:22, 5-6, 18, 21; 46: 9).

Conclusión

Para concluir, Jesús no puede ser el Señor o el Hijo de Dios, literalmente, porque él mismo lo negó y confirmó su profecía. Él dijo: “No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir”. (Mateo 5:17)

Filipenses prueba que Jesús fue un siervo de Dios. Dice: “Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz”. (Filipenses 2:5-8)

Filipenses indica que Jesús, como cualquier otro ser humano, fue hecho a imagen de Dios, como se menciona en el Antiguo Testamento:

“Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen” (Génesis 1:26) Esto también está confirmado por el siguiente dicho del Profeta Muhammad: “Dios creó a Adam a su imagen”. (Hadiz reconocido)

Si Jesús hubiese sido el Señor o el Hijo de Dios, literalmente, no se habría rebajado voluntariamente, tomando la misma naturaleza de un sirviente o creado semejante a los hombres. Tendría más bien que merecer ser adorado y habría llamado a la gente a ello. Sin embargo, cuando Satanás trató de tentarlo a adorarle, según el Nuevo Testamento, Jesús le dijo: “Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás”. (Mateo 4:10)

De hecho, Jesús mismo adoraba a Dios de acuerdo con el Nuevo Testamento. ¿Cómo puede merecer ser adorado? En el Nuevo Testamento, leemos: “Entonces Jesús fue con sus discípulos a un lugar llamado Getsemaní, y les dijo: ‘Sentaos aquí, entre tanto que voy allí y oro’ … Yendo un poco adelante, se postró sobre su rostro allí y oró” (Mateo 26: 36-39)

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