¿Cómo reaccionaba el Profeta ante el abuso personal? (Parte 8)

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El Profeta Muhammad toleró el abuso y la traición de ‘Uyaynah y se negó a matarlo.

El Profeta Muhammad toleró el abuso y la traición de ‘Uyaynah y se negó a matarlo a pesar de que era tan hipócrita que no se convirtió realmente al Islam y de que abusó de él y le traicionó.

‘Uyaynah Ibn Hisn

‘Uyaynah Ibn Hisn era un rudo, áspero árabe nómada que solía abusar de los demás, incluyendo al profeta Muhammad, tanto con intención como sin ella. Se dice que era un hipócrita que apostató después de la muerte del profeta Muhammad pues no se convirtió sinceramente al Islam. Por eso traicionó al profeta Muhammad.

Se ha narrado que el clan de Badr Ibn ‘Amr se vio afectado por una severa sequía que les dejó sin hogar. Luego fueron a Medina, donde se reunieron con el profeta Muhammad, que invitó a ‘Uyaynah, como jefe de la tribu de Badr Ibn ‘Amr, al Islam. ‘Uyaynah ni aceptó rechazó Islam.

En su lugar, le dijo al Profeta Muhammad que quería acercarse a él y quería hacer las paces con él. Así el Profeta Muhammad firmó la paz con él por tres meses, por lo que ningún musulmán podría atacar a ninguno de ellos, y ninguno de ellos podría atacar a un musulmán.

Cuando el plazo acordado acabó, ‘Uyaynah y su gente volvieron a su tierra natal después, de que, al igual que sus animales, habían sido engordados y amamantados, y les gustó Medina. Sin embargo, en su camino de vuelta a casa, ‘Uyaynah Ibn Hisn atacó las camellas del Profeta Muhammad en el bosque. Entonces, Al-Harith Ibn ‘Awf le dijo: “¡No has no has devuelto el favor a Muhammad! ¡Os ha alimentado en su ciudad y ahora lo invadís!”

Sin embargo, ‘Uyaynah hizo caso omiso. Más bien, se llevó veinte camellos y mató a un hijo de Abu Dhar que las estaba atendiendo. (Al-Bujari)

‘Uyaynah Ibn Hisn fue uno de los ancianos de la tribu de Ghatafan que se pusieron del lado de otras tribus, junto con los Quraysh, contra el profeta Muhammad en la batalla de Al-Ahzab (tribus confederadas).

En la angustia por el asedio sobre él y sus Compañeros, el Profeta Muhammad envió un mensaje a ‘Uyaynah Ibn Hisn y a Al-Harith Ibn` Awf, con la siguiente proposición: “¿Qué te parece si te doy un tercio de los dátiles secos de Medina? ¿Volverás con tu tribu y disuadirás a los árabes?”

Aceptaron esta propuesta y se reunieron con el Profeta Muhammad. Mientras terminaban de redactar el acuerdo de paz entre las partes, entró Usayd Ibn Hudayr y vio que `Uyaynah estaba estirando las piernas delante del Profeta Muhammad.

Al darse cuenta de lo que iba a hacer, Usayd le recriminó: “¡Oh ojos de joven zorro (1), dobla las piernas! ¿Te atreves a estirarlas delante del Mensajero de Dios? Por Dios, si no fuera por el bien del Mensajero de Dios, te habría atravesado con la lanza”.

Usayd se volvió al Profeta Muhammad y dijo: “Si esto es un asunto que fue dictado desde el cielo, seguiremos adelante. De lo contrario, por Dios, les daremos solamente la espada”. Usayd se dirigió a ellos y les dijo: “¿Cómo os atrevéis a codiciar esto de nosotros?” Entonces, se dirigió al Profeta diciendo: “Por Dios, solían comerse los pelos de los camellos para eliminar el hambre. No pueden codiciar un solo dátil de nosotros excepto como una transacción de compra o un acto de generosidad de nuestra parte. Dado que Dios te trajo a nosotros, y nos bendijo contigo, no debemos dar nada por la fuerza. Nunca les daremos otra cosa que la espada”.

Cuando S’ad Ibn Mu’adh y S’ad Ibn ‘Ubadah hicieron declaraciones similares, el Profeta les ordenó cortar la hoja de acuerdo. Cuando S’ad la cortó, ‘Uyaynah dijo: “Por Dios, lo que dejas es mejor que lo que planeáis. No tenéis la capacidad de hacer frente a la gente”.

Entonces, ‘Abbad Ibn Bishr respondió: “Oh ‘Uyaynah, ¿nos amenazas con la espada? Sabrás quién de nosotros es más impaciente. Por Dios, si no fuera por la posición del Mensajero de Dios, no habrías vuelto a tu gente”.

‘Uyaynah y Al-Harith volvieron, diciéndose uno al otro: “Por Dios, no creemos que podamos tomar nada de ellos”. Cuando regresaron a su tribu y se les preguntó acerca de su reunión con el Profeta, respondieron: “El asunto (acuerdo) no se concluyó. Vimos gente tan dedicada que está dispuesta a sacrificarse por el bien de su compañero”.

Se narra que cuando las tribus confederadas se retiraron, ‘Uyaynah decidió retirarse y volver, al mando de su pueblo, a su tierra natal.

Se cuenta que cuando ‘Uyaynah fue a Medina antes de su supuesta conversión al Islam, se encontró con una caravana saliendo de Medina. Él preguntó: “¡Dime acerca de este hombre (Muhammad)!” La respuesta fue: “En su relación con él, las personas se pueden clasificar en tres clases: un hombre que se convierte al Islam y lucha con él contra Quraish y los árabes; un hombre que se niega a convertirse al Islam y lucha contra él y con lo que se luchan contra él; y un hombre que trata de hacerle creer que es musulmán y hace creer a los Quraysh que está con ellos al mismo tiempo”. Preguntó: “¿Cómo se les llama a esas personas (la última clase)?” Ellos respondieron: “Se les llama hipócritas”. Entonces él me dijo: “Solo me acerco a la descripción de estos últimos. Te permito que des testimonio de que soy uno de ellos”.

Por lo tanto, ‘Uyaynah fingió ser musulmán pero sus actitudes hipócritas duraron incluso después de su fingida conversión.

Se ha narrado que ‘Uyaynah Ibn Hisn fue al Profeta sin pedir permiso para entrar, mientras ‘Aisha estaba sentada con él, antes de la revelación del verso que obliga a las esposas del Profeta Muhammad a cubrirse ante los hombres con los que podrían casarse estando en casa.

El Profeta preguntó: “¿Por qué no pediste permiso para entrar?” ‘Uyaynah respondió: “Nunca he pedido permiso para entrar a un hombre de la tribu de Mudar”. ‘Uyaynah a continuación preguntó: “¿Quién es esta blanca joven?” El Profeta dijo: “Ella es ‘Aisha bint Abu Bakr, la Madre de los creyentes”. Entonces, sugirió: “¿Puedo divorciar a una mujer que es más hermosa que ella para que te cases con ella?” Entonces, el Profeta Muhammad respondió: “No”

Cuando ‘Uyaynah salió, ‘Aisha preguntó con enfado: “¿Quién es este, oh Mensajero de Dios?” Él respondió: “Este es un tonto obedecido por su pueblo”.

‘Uyaynah luchó en la batalla de a Al-Taif con el Profeta. Cuando el sitio duró mucho tiempo, ‘Uyaynah pidió permiso al Profeta para ir al fuerte de Al-Taif a hablar con su gente. Entonces, el Profeta Muhammad le permitió ir.

A continuación, se dirigió a ellos y preguntó: “¿Puedo acercarme a vosotros sin que me ataquéis?” Ellos respondieron: “Sí.” Abu Mihjan lo conocía, por lo que ordenó: “Que se acerque”. Así que se acercó a ellos y entró en su fortaleza. A continuación, les dijo: “Os garantizo con mi padre y mi madre. Estoy encantado con lo que he visto de vosotros. Por Dios, los árabes no tienen otras personas que sean mejores que vosotros. Muhammad nunca ha encontrado ninguna gente como vosotros. De hecho, se ha cansado de estar aquí. Así que permaneced firmes dentro de vuestra fortaleza. Sin duda, vuestra fortaleza está bien fortificada, vuestras armas son numerosos, vuestras flechas están listas, vuestras provisiones son abundantes y el agua permanente por lo que no temáis que se acabe”.

Cuando ‘Uyaynah salió, le dijo Thaqif a Abu Mihjan: “No queríamos que viniera a nosotros por el miedo de que le dijera a Muhammad nuestras carencias o de nuestra fortaleza”. Entonces, Abu Mihjan respondió: “Yo lo conozco bien. A ninguno de nosotros nos disgusta más Muhammad y su gente que a él”.

Cuando ‘Uyaynah regresó al Profeta, le preguntó: “¿Qué has dicho?” Él respondió: “Les dije: ‘convertíos al Islam! Por Dios, Muhammad no abandonará vuestra tierra natal hasta llegar derribar vuestra fortaleza. Así, protegeos. Él (el Profeta Muhammad) conquistó las fortalezas anteriores de Qaynuqa, An-Nadir, Quraydhah, y Khaybar que tenían fosos, equipamientos y fortalezas… ‘ Yo les intenté desalentar”.

El Profeta se mantuvo en silencio mientras ‘Uyaynah estaba hablando. Cuando dejó de hablar, el profeta Muhammad dijo: “¡Estás mintiendo! Les has dicho a ellos tal y tal”. Entonces, ‘Uyaynah dijo: “Busco el perdón de Dios”. Entonces, ‘Umar dijo: “Oh Mensajero de Dios, déjame llevarlo hacia delante y decapitarlo”. Entonces, el Profeta Muhammad respondió: “No, no sea que la gente diga que mato a mis Compañeros”. (Al-Tabaqat Al-Kubra)

(1) ‘Uyaynah era de ojos saltones. Es por eso que se llama ‘Uyaynah. Su nombre real era Hudhayfah. Por eso Usayd comparó sus ojos a las de un zorro joven.

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Referencias:

1- Sahih Al-Bujari

2- As-Sirah An-Nabawiyah, por Ibn Ishaq

3- Al-Tabaqat Al-Kubra, por Ibn Sa`ad

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