Thomas Emlyn 2/3

Parte 2 de 3

Thomas Emlyn

En la imagen: Ciudad de Cambridge, donde Emlyn cursó sus estudios.

Emlyn fue eminente cristiano que rechazó la doctrina de la Trinidad

Thomas Emlyn fue uno más de los distinguidos santos que osaron rechazar la doctrina de la Trinidad y afirmar la fe en el Dios único. En la revelación Divina del Corán, la cuestión es más que clara: Dios es el Ser
Supremo y no hay nadie como Él. A nadie más se menciona como Dios. Pero, desgraciadamente, con la Biblia no ocurre lo mismo. Esta es la razón de que Emlyn intentara en sus escritos aclarar esta confusión.
Según Emlyn Dios «a veces significa el más Elevado, Perfecto, y Ser Infinito, que está Solo y nada debe a Su Ser o a Su Autoridad, ni a nadie más; esto es lo que afirmamos comúnmente cuando hablamos de Dios en el discurso ordinario, en la oración y en la alabanza; es lo que atribuimos a Dios en el sentido más elevado».
Emlyn continúa hablando para demostrar que en la Biblia, a pesar de que la palabra Dios se emplea con frecuencia, se utiliza a veces para indicar a personas que, aunque investidas de autoridad y poder, están subordinadas al Ser Supremo:

«Los ángeles aparecen como Dioses… ‘Apenas inferior a un Dios le hiciste’ (Salmos 8: 5); Los
Magistrados son Dioses. (Éxodo 22: 28, Salmos 82: 1, Juan 10: 34 35); hay veces en las que una persona recibe el título de Dios: a Moisés se le llama Dios dos veces ante Aarón y luego recibe el mismo tratamiento ante Faraón; al mismo Demonio se le llama el Dios de este Mundo, es decir, el Príncipe y poderoso gobernador del mismo, que mediante la usurpación injusta y el permiso de Dios, disfruta de esta posición. Ahora bien, como Aquel que en sí mismo es el Dios único en el sentido original, está infinitamente por encima de todos los demás, ello nos basta para distinguirle de todos aquellos a los que se les llama Dioses».
Para clarificar aún más esta distinción, Thomas Emlyn citaba a Filo que describe al Ser Supremo «no sólo como el Dios de los hombres, sino como el Dios de los Dioses». Este es el epíteto más elevado y glorioso que se otorga a Dios en el Antiguo Testamento, que se utiliza cuando se quiere hacer una mención magnífica de Su Gloria y Su Grandeza.
Una vez establecido que la Biblia utiliza el término «Dios» para describir a Dios y para describir a los seres inferiores a Dios, Thomas Emlyn intenta resolver la cuestión: «¿En cuál de los dos sentidos se menciona a Cristo en las Sagradas Escrituras con el nombre de Dios»?

Thomas Emlyn llegó a la conclusión de que Jesús era un ser inferior que Dios

Thomas Emlyn llegó a la conclusión de que Cristo era un ser inferior comparado con el Dios de Dioses (ver I
Corintios 8: 5). Esta conclusión fue el resultado de formular la siguiente pregunta: «¿Acaso tiene Jesucristo algún Dios por encima de él, un Dios con autoridad y capacidad mayores que él? La respuesta a esta pregunta decidiría el estatus de Jesús de una manera u otra. Si Dios está por encima, es evidente que Jesús no puede ser también el Supremo Dios Absoluto. La respuesta que dio fue «Sí», añadiendo a continuación tres argumentos para demostrar su tesis:

• Jesús habla expresamente de Dios como alguien diferente.
• Acepta que su Dios está por encima.
• Jesús pide obtener la perfección al ser consciente de que le faltan las cualidades infinitas y eminentes que pertenecen sólo a Dios, el Ser Supremo.

Emlyn tenía la impresión de que estos tres postulados tenían que ser desarrollados de manera que fueran entendidos por el público en general. Criticaba la práctica de escribir de manera ininteligible sobre las Escrituras, esperando además que los lectores creyeran en los dogmas así descritos. Thomas Emlyn explicó los tres puntos anteriores de la siguiente manera:

Primero: Jesús habla de otro Dios diferente a sí mismo. En varias ocasiones vemos que Jesús dice: «Dios mío», hablando de otro: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me habéis abandonado? (Mateo 27: 46); «Subo a mi Padre y vuestro Padre, a mi Dios y vuestro Dios» (Juan 20: 17). Es evidente que Jesús no está diciendo: «¿Por qué me he abandonado a mí mismo?» Este Dios al que Jesús se dirige es diferente, como de hecho declara en otros lugares, como en Juan 8: 42, donde puede verse que Jesús no se distingue de Él en cuanto Padre, sino en cuanto Dios; en consecuencia, Jesús no puede ser considerado como Dios, con respecto al cual el mismo Jesús se ha diferenciado…

Segundo: Jesús no sólo admite que Dios es alguien distinto a él, sino que también está por encima o sobre él, algo que se trasluce también en las declaraciones de los apóstoles. En muchas ocasiones Jesús proclama abiertamente su sometimiento al Padre. La declaración más usual es que el Padre es mayor que él. Jesús dice que no vino a actuar por cuenta propia, sino en nombre y bajo la autoridad del Padre. No buscaba su gloria sino la del Padre; no era su voluntad la que actuaba, sino el mandato de Dios. En esta situación de sometimiento es como bajó de los cielos a esta tierra. Jesús admite su dependencia de Dios incluso en las cosas que parecen pertenecerle, como por ejemplo, el poder de realizar milagros, de resucitar a los muertos, de ejecutar juicios universales; de estas cosas Jesús dice: ‘Yo no puedo hacer nada por mi cuenta’ (Juan 5: 30).

Tercero: Jesús niega poseer las perfecciones infinitas que pertenecen solamente al Dios de Dioses Supremo (poder absoluto, bondad total, conocimiento ilimitado). Y es absolutamente cierto que si Jesús carece de alguna de estas perfecciones que forman parte esencial de la Deidad, Jesús ya no es Dios en este sentido. Si vemos que renuncia a una de ellas es evidente que no reclama la posesión de las demás, ya que sin duda es una y la misma cosa el renunciar a la posesión de todas las Perfecciones Divinas o el negar ser el Dios Infinito».

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