El profeta Adam 2/3

Adam hojaAdam supo quién era su enemigo desde el principio

Adam conoció a su enemigo en los primeros minutos de su vida. Cuando Dios dio la orden de postrarse, Iblis estaba entre los ángeles. Pero no era un ángel, sino un genio malvado.
Al desobedecer la orden de postrarse ante la existencia de Adam (Adán), fue excluido de la misericordia divina. Adam comprendió que Iblis era el símbolo de la maldad. Y que los ángeles son el símbolo de la bondad, pero ¿y él? ¿Qué representaba él? No sabía nada de esto, ni tenía una opinión formada.

Allah enseña a Adam los nombres de las cosas

Por fin, Allah le reveló los secretos de su existencia y de su estructura, las razones de que sea superior a los demás. Adam escuchó a Dios y de este modo aprendió todos los nombres de la creación.
Enseñó a Adam la ciencia de nombrar las cosas, le enseñó los secretos para representar a las criaturas con símbolos: esto es un pájaro, una estrella, un árbol, una montaña, una manzana, etc. Adam aprendió los nombres de todas las criaturas. Aquí el nombre no es algo tan simple; significa la ciencia, la razón. El objetivo de la creación del ser humano, el misterio que hace a Adam superior al resto de las criaturas. Luego Dios se dirigió a los ángeles y dijo:
«¡Decidme los nombres de las criaturas!»
Los ángeles miraron a las cosas, pero no pudieron pronunciar ni siquiera un solo nombre. Confesaron su ignorancia y pidiendo perdón dijeron:

«¡Oh, Sublime! ¡Gloria a Ti! No sabemos más que aquello que Tú nos has enseñado. Es obvio que eres el Omnisciente, el Sabio. Comprendimos una vez más que Tu sabiduría es eterna y hay miles de secretos escondidos en Tus actos».
Entonces Dios le dijo a Adam:
«¡Infórmales acerca de los nombres!» (Surat Al Baqarah)

Adam nombró cada cosa y dio información sobre las criaturas a los ángeles que le escuchaban con suma atención y admiración. Sí, él lo sabía, poseía la misteriosa capacidad del saber. Era la cualidad que le hacía superior a los demás: la capacidad de aprender y enseñar.
El ser humano como califa de Allah en la Tierra
Entonces los ángeles comprendieron la razón de la orden de postrarse ante él. Más aún, comprendieron la razón del nombramiento de Adam como califa de Allah en la Tierra: era la información, la ciencia. Construiría civilizaciones y daría forma a la vida terrenal gracias a la ciencia.

Allah creó a la mujer

A veces, Adán compartía lo que sabía con los ángeles. Pero, la mayor parte de su tiempo, los ángeles veneraban a Dios. De vez en cuando Adam se sentía solo. Un día, al despertarse, vio a una mujer. Estaba de pie y mirándole con resplandecientes ojos. Adán le dijo:
— No estabas aquí antes de que me durmiera, ¿verdad?
— Sí.
— Entonces, ¿viniste cuando estaba durmiendo?
— Si, es cierto.
— ¿De dónde viniste?
— De ti, tú me originaste. Cuando estabas durmiendo Dios me creó de una de tus costillas.
— Y ¿por qué te creó Dios?
— Para que no te sientas solo y seamos felices.
— ¡Gracias a Dios! De verdad que empezaba a sentirme solo.
Los ángeles preguntaron a Adán el nombre de la mujer:
— Eva, les dijo.
— ¿Por qué Eva?—preguntaron los ángeles.
— Porque es carne de mi carne, es parte de mí. Eva (Hawa, en árabe) significa la que está viva, el ser.
Dios ordenó a Adán y Eva habitar en el Paraíso. Entraron juntos en el paraíso y vivieron allí felices, con comodidades, de manera relajada. Aunque también tuvieron la más amarga experiencia de su vida.

La vida en el Paraíso fue como un dulce sueño.

A veces, cuando soñamos, distinguimos algunas cosas buenas y queremos que se hagan realidad: cuando las realizamos somos felices como pájaros surcando los cielos. En el Paraíso los sueños se realizan, aunque estos sean imposibles. Lo que se desea se hace realidad de repente, basta con desearlo de corazón. Se realizan los sueños, la comida y bebidas se encuentra en abundancia, la comodidad, la tranquilidad y la felicidad… Los colores de las criaturas del Paraíso son transparentes y luminosos. Hay olores agradables en todos los lugares, paisajes mágicos.
Adán estaba rodeado por innumerables bendiciones y Eva había sido creada para completar su felicidad. Ya no se sentía solo. Daban paseos, se divertían juntos, compartían sus ideas y su felicidad. Escuchaban los cantos de los ruiseñores sobre las ramas de los árboles del Paraíso, los rezos de los ríos que seguían su curso, la mágica música del Universo ajenos a lo que significaban las penas y el dolor. Se conmovían y veneraban a Dios.

El árbol prohibido

Dios (alabado sea) les permitió disfrutar de todo lo que desearan, dónde y cuándo quisieran, a excepción de un árbol: «¡No os acerquéis a este árbol! ¡Si no, os causareis mucho mal, formareis parte de los injustos!». Es posible que éste fuera el árbol del mal, de las penas.
Adán y Eva sabían que no tenían que acercarse a este árbol prohibido. Pero Adam era humano [Humano: la palabra en lengua árabe para humano es «insan» y en dicha lengua «insan» procede de la etimología nisyan que significa «aquel que se olvida, el que tiene sentimientos complejos en corazón, aquel con un espíritu débil»] Como las intenciones de Iblis eran perversas y sabía que Adán era un ser humano y, por ende débil, le susurraba sin parar al oído con gran rencor:
«¿Sabes por qué está prohibido acercarse a este árbol? Porque es el árbol de la inmortalidad. Cuando comáis de sus frutos seréis inmortales. Seréis ángeles hasta la eternidad».
El tiempo pasaba y cada día Iblis intentaba inculcar pensamientos malignos en la mente de Adán y Eva. Por fin, decidieron comer de los frutos del árbol prohibido. Se olvidaron de que Iblis era su mayor enemigo. Adán tomó una fruta de las ramas del árbol y se la dio a Eva. Eva la comió y luego Adán también.

Adam y Hawa vuelven a la tierra

Al comer la fruta del árbol prohibido empezó a dolerle el corazón a Adán. Sintió pena, tristeza y arrepentimiento. La mágica música que le emocionaba cesó y todo lo que había a su alrededor adquirió colores marchitos, como un día de luto. De repente se dio cuenta de que estaban desnudos. ¡Señor Mío! Se avergonzaron y recogieron hojas para taparse, para cubrir sus cuerpos.
Dios les ordeno abandonar el Paraíso, Adán y Eva descendieron al mundo y abandonaron la feliz condición en la que se encontraban. Ya no estaban en el Paraíso. Adán gemía de arrepentimiento, Eva lloraba de tristeza. Retornaron a la misericordia de Dios gracias a las Palabras reveladas por Él.
Como Dios es el Misericordioso, les perdonó, pero a partir de ese momento vivirían en el mundo hasta el Día del Juicio Final.

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