El papel de los emperadores romanos en el establecimiento del cristianismo contemporáneo

corona cristianismo

Como los emperadores romanos abrazaron el cristianismo después de muchas distorsiones, procedieron a reproducirlo

A diferencia de los Profetas Moisés y Muhammad, que establecieron unas comunidades monoteístas para adorar a Dios solamente de acuerdo con unos sistemas de creencias claras y unas leyes concluyentes, Jesús surgió sin establecer una comunidad independiente monoteísta, en medio de marcadas discrepancias en las creencias y leyes a raíz de Su milagrosa Ascensión y su nacimiento relativamente sobrenatural, a pesar de que había dejado claras esas creencias y leyes. Sin embargo, el choque causado por la Ascensión de Jesús, además de su ya de por si milagroso nacimiento, sacudió las creencias y leyes que había legado.

Como resultado, el mensaje de Jesús permaneció confundido durante más de tres siglos: entre el creyente en el mensaje monoteísta de Jesús, sin desviarse por los mitos y las supersticiones fabricados a raíz de la Ascensión milagrosa de Jesús, por un lado, y el politeísta tan desconcertado que no podía distinguir entre lo que procedía de Dios y lo que procedía del hombre, por otra parte.

Sobre este estado de confusión, en el Corán, leemos:

Ese es Isa, el hijo de Maryam, la palabra de la Verdad, sobre el que dudan. No es propio de Allah tomar ningún hijo. ¡Gloria a Él! Cuando decide algo, sólo dice: Sea, y es. Y verdaderamente Allah es mi Señor y el vuestro, adoradlo pues. Este es un camino recto. Pero los partidos que había entre ellos discreparon. ¡Perdición para los que no creyeron porque habrán de comparecer en un día transcendente! (Maryam 19: 34-37)

Aproximadamente a mediados del siglo IV, los emperadores romanos abrazaron el cristianismo después de que este hubiera experimentado muchas alteraciones y distorsiones a lo largo de más de tres siglos. Así, ellos, principalmente Constantino, el Grande, procedieron a practicar el cristianismo aproximándolo al paganismo y al politeísmo que habían profesado.

Constantino el Grande

Constantino, el Grande, fue el primer emperador romano que abrazó el cristianismo, pero, desafortunadamente, tras siglos de aberraciones y desviaciones que sirvieron para borrar el verdadero mensaje de Jesús.

Después de convertirse al cristianismo, Constantino se esforzó por imponerlo en su imperio. Sin embargo, le sorprendió su naturaleza dogmática y legal gelatinosa y el agrio desacuerdo en su clero, entre los monoteístas y los trinitarios. Entonces, Constantino decidió unirse a estos últimos, estando más cerca de las creencias paganas que su imperio profesaba.

Constantino no solo impuso a la Trinidad como doctrina cristiana en su imperio, sino que también procedió a modificarla introduciendo creencias y prácticas en ella del paganismo.

Consejo de Nicea y establecimiento de la Doctrina de la Trinidad (325dC)

A este concilio asistieron unos 318 obispos, entre ellos 16 obispos que apoyaban al obispo Arrio y 22 obispos que apoyaban a San Alejandro de Alejandría. Los otros aún no se habían decidido.

El presbítero Arrio defendió la supremacía de Dios, el Padre, y sostuvo que el Hijo de Dios fue creado como un acto de voluntad del Padre, y por lo tanto, que el Hijo era una criatura hecha por Dios.

Según los Testigos de Jehová, Constantino forzó la opinión de la “misma sustancia” sobre el consejo o, por lo menos, aseguró que sería adoptado.

Esto se encuentra en una carta, escrita por Eusebio de Cesarea durante el propio concilio a su iglesia natal, explicando por qué finalmente cedió y firmó el credo, y aceptó el término homoousios. En un momento dado, Eusebio escribe que Constantino “alentó a los demás a firmarla y a aceptar su enseñanza, sólo con la adición de la palabra “consubstancial “[es decir, homoousios]”. El término específico usado por Eusebio, parakeleueto, puede ser traducido por términos tan fuertes como “mandar” o tan ligeros como “aconsejar” o “alentar”.

Los obispos asistentes pronunciaron el juicio clerical excomulgando a Arrio y a sus seguidores de la Iglesia. Viendo la amenaza de que se produjese un continuo malestar, Constantino también pronunció un juicio civil, desterrando a Arrio y a sus seguidores al exilio.

Se ordenó que las obras de Arrio fueran confiscadas y arrojadas a las llamas y que todas las personas a las que se les encontraran fueran ejecutadas. Sin embargo, la controversia continuó en varias partes del Imperio.

El obispo Alejandro ya había convocado un sínodo de unos cien obispos egipcios y libios en Alejandría, en el que excomulgó y expulsó a Arrio y a sus seguidores.

Domingo como día oficial de descanso (321 A.D.)

Aunque no se ha narrado que Jesús declarara el domingo como día de descanso para los cristianos y nada se dice al respecto en la Biblia, el 7 de marzo de 321 d.C. Constantino decretó que el domingo debía ser observado como un día de descanso en Roma, en el que los mercados y las bibliotecas debían permanecer cerrados.

Celebración de la Semana Santa

Aunque la Biblia no hace ninguna mención de la llamada “Semana Santa” (incluidos el sábado de Lázaro, el Domingo de Ramos, el Lunes Santo, el Martes Santo, el Miércoles Santo, el Jueves Santo, el Viernes Santo, el Sábado Santo y el Domingo de Pascua), y Jesús nunca pronunció esos nombres, ni hizo que esos días fueran santos u ordenó ninguna celebración en ellos, Constantino emitió un edicto proclamando que el negocio público debía ser suspendido durante la Semana Santa.

Celebración de Pascua (325 d. C.)

Aunque no se menciona una “Pascua” ni se ordena la celebración de la misma ni en la Bibilia ni por Jesús, Constantino ordenó a todas las iglesias celebrar la Resurrección de Cristo el Domingo de Pascua por recomendación del Concilio de Nicea.

En el mismo concilio, la fiesta de Pascua fue fijada un domingo en el mes lunar de Nisan. El cálculo de Pascua fue separado del calendario judío.

Descubrimiento de la Santa Cruz (326 d. C.)

El “descubrimiento de la santa cruz ” fue un mito fabricado por Constantino, el Grande, y su madre, Helena. Aunque transcurridos más de tres siglos después de la Ascensión de Jesús y el presunto episodio de crucifixión, Constantino envió a su madre Helena a descubrir la santa cruz en el 326 d. C.

Después de que Helena amenazara a los jefes judíos al fuego, uno de ellos, llamado Judas, fue recluido durante siete días y siete noches sin comida ni agua en un agujero, y a pesar de que había asegurado su total desconocimiento del lugar en el que podía encontrarse la cruz, supuestamente oró a Dios, de acuerdo con el manuscrito latino, para encontrar la Cruz, y cavó un agujero en el suelo, en el que encontró la Santa Cruz.

Basándose en esta leyenda, se celebra una fiesta a partir de este momento, en conmemoración de este falso descubrimiento, que se llama “Fiesta de la Cruz”.

De la misma manera que se supuso que la cruz santa fue descubierta, los clavos fueron también supuestamente encontrados, según relatos aún más irracionales.

Helena le pidió a Judas que buscara los clavos con los que Jesús supuestamente estaba sujeto a la cruz. Del mismo modo, como siempre sucede en el cristianismo, después de que Judas supuestamente oró y suplicó, los clavos aparecieron en la superficie, relucientes como el oro. Así, la cruz y los clavos fueron traídos a Constantino con el fin de dar bendiciones.

Sin embargo, no se narró que Jesús hubiera declarado que la cruz o los clavos pudiera dar ninguna bendición como para que Constantino se aplicara tanto en su búsqueda en pos de bendiciones.

Honrar los Cuerpos de Santos y Mártires en busca de bendiciones (326 d. C.)

Aunque la Biblia está desprovista de cualquier mandamiento para venerar o buscar bendiciones de los cuerpos de los santos o mártires y no fu transmitido que Jesús ordenara eso, esas prácticas fueron introducidas por primera vez por Constantino y su madre Helena.

Vale la pena señalar que Helena estaba tan interesada en honrar a los mártires y ponerle sus nombres a las iglesias que ofreció regalos e incluso oro a quien le guiara a los lugares donde algún mártir hubiera sido enterrado. Esa es la razón por la cual mucha gente trajo presuntas reliquias de mártires y santos, el oro y los regalos.

Compilación de la Biblia (331 d. C.)

Antes del Concilio de Nicea, no había nada llamado “Biblia” tal como la conocemos. Había sólo capítulos dispersos, evangelios y epístolas.

En este Concilio, se aceptó la estructura de la Biblia. Así, se eligieron capítulos, evangelios y epístolas que se consideraban consistentes con la doctrina de la Trinidad adoptada por Constantino.

Es más, los capítulos, evangelios y escritos considerados inconsistentes con esta doctrina fueron quemados y borrados según lo ordenado por Constantino.

En 331 d. C., Constantino ordenó a Eusebio de Cesarea preparar cincuenta biblias, más conocidas como las “Cincuenta Biblias de Constantino”. Fueron hechos para el uso del obispo de Constantinopla ante el creciente número de iglesias en esa ciudad.

Construcción de iglesias sagradas (335 d. C.)

Aunque ni la Biblia ni Jesús ordenaron la construcción de iglesias en los lugares donde los cristianos creen que Jesús fue crucificado y enterrado, ni hizo que ninguno de estos lugares fuera sagrado, o más sagrado que cualquier otro sitio, Constantino ordenó construir iglesias sagradas de acuerdo con los deseos de su madre y las recomendaciones del Concilio de Nicea en lugares donde se creía que Jesús había sido crucificado y enterrado.

Por ejemplo, Constantino ordenó la construcción de la Iglesia de la Natividad en el lugar donde se creía que nació Jesús. Asimismo, ordenó construir la Iglesia del Santo Sepulcro en el lugar donde se creía que Jesús había sido enterrado y criado. De manera similar, ordenó construir la Iglesia de la Santa Cruz en el lugar donde se creía que la cruz santa había sido hallada, a pesar de que habían pasado siglos desde la Ascensión de Jesús y los judíos no estaban al tanto del paradero de esos sitios.

Teodosio I

Siguiendo los pasos de Constantino, los emperadores romanos posteriores desempeñaron un papel muy importante en la preservación del cristianismo trinitario actual establecido por Constantino.

Por ejemplo, Teodosio I convocó al Primer Concilio de Constantinopla, que fue el segundo concilio ecuménico, en el año 381 d. C., para confirmar y defender el Credo Trinitario Niceno contra el arrianismo, más cercano al monoteísmo, y afirmar la divinidad de Jesús y el Espíritu Santo y su Igualdad al Padre.

Teodosio II

En 431 d. C, Teodosio II convocó al tercer concilio ecuménico en Efeso para confesar a Nestorio, el arzobispo de Constantinopla, que siguió los pasos de Arrio, acercándose al monoteísmo y alejándose del trinitarismo puro, así como a Pelagio que negó el pecado original y la obra del Espíritu Santo.

Más tarde, emperadores romanos posteriores siguieron su ejemplo, adhiriéndose al trinitarismo puro y frustrando cualquier intento de acercarse al monoteísmo, hasta que el cristianismo moderno asumió su forma trinitaria contemporánea, que está muy lejos del verdadero cristianismo monoteísta introducido por Jesús como un mensaje de la verdadera religión de Dios. Por lo tanto, el mensaje del Profeta Muhammad vino como una confirmación del monoteísmo predicado por los mensajes de todos los profetas anteriores y una corrección del camino desviado tomado por el cristianismo contemporáneo, que tiende hacia el politeísmo y se mantiene alejado del monoteísmo verdadero predicado por el mismo Jesús.


Referencias:

1 El Noble Corán

2 La Sagrada Biblia

3 st-takla.org

4 equip .org

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