Jesús y los judíos

La historia de los judíos hasta la llegada de Jesús

Los judíos y Jesús

Para los judíos, el reconocimiento de la Unidad Divina y la convicción de que Dios es el único objeto de adoración, era categórica.

Una visión clara de la historia de los judíos hasta la época de Jesús

A fin de poder valorar la importancia de la época en la que fue enviado Jesús, debemos considerar la vida del profeta Jesús en el contexto histórico y más especialmente, en la historia de los judíos. Ello clarificará aún más la imagen que ya había comenzado a surgir: esto es, que la existencia de la comunidad Esenia, las actividades de Juan y, finalmente, el conflicto entre Jesús y los romanos, eran parte de un patrón que se repite una y otra vez a lo largo de la historia de los judíos. En todos y cada uno de los casos, lo que motiva la revuelta de los judíos contra los invasores extranjeros era el intento por parte de éstos últimos de hacerles asociar otros dioses con su Dios.

El monoteísmo de los judíos.

Para los judíos, el reconocimiento de la Unidad Divina y la convicción de que Dios es el único objeto de adoración, era categórica. Mientras que, como gobernantes, los judíos mostraban a menudo una falta total de visión en el arte de gobernar, sometidos a la esclavitud política sí solían prosperar. Durante el siglo XII a.C. las Doce Tribus de Israel dirigidas por Moisés y su hermano Aaron huyeron de Egipto. Una vez establecidos en la tierra prometida les fueron enviados varios profetas sucesivamente con el fin de guiarlos y mantener vivas las enseñanzas de Moisés, contenidas en la Torá, que le había sido revelada en el Monte Sinaí. Entre estos Profetas está David, a quien le fueron revelados los Salmos, los Zabur, y su hijo Salomón, a quien se le dio un gran conocimiento y un extraordinario dominio sobre la creación de Dios. Se estima que David gobernó aproximadamente del 1.000 al 960 a.C., y que Salomón lo hizo a su vez del 960 al 922 a.C. Así pues, y gracias al gobierno de ambos, la paz sea con ellos, las doce Tribus de Israel estuvieron unidas durante casi un siglo en un solo reino y bajo una dirección profética correctamente guiada.

Sin embargo, tras la muerte de Salomón el reino de las Tribus de Israel se dividió en dos. La gente de la parte sur, basados en Judá, comenzaron a ser llamados Judaitas y los del norte Israelitas.

Los Judaitas, que posteriormente llegaron a ser conocidos sencillamente como “judíos”, una abreviación de la palabra “judaitas” o de la palabra “judeos”, comprendían las tribus de Judá y Leví y parte de la tribu de Benjamín. Se consideraban a sí mismos como los auténticos herederos y defensores de las enseñanzas de Moisés -a pesar de que varios Profetas, entre los que se incluyen Elíjah y Elisha, fueron enviados por Dios a las nueve tribus y media restantes situadas en el reino del norte, Israel.

En el 722 a.C. el reino de los Israelitas fue invadido por los Asirios.

Según los historiadores Judaitas, las nueve tribus y media que integraban Israel fueron aniquiladas casi por completo a excepción de unos

27.000 prisioneros que fueron llevados a Nínive como esclavos. Esta ciudad ya no existe en nuestros días, pero estaba situada a orillas del río Tigris, frente a la actual ciudad de Mosul, en el norte de Iraq. Se dice entonces que los Israelitas “desaparecieron de la historia” a pesar de que incluso la Biblia confirma que el Profeta Jonás fue enviado específicamente a Nínive para guiar a los Israelitas cautivos y, según el Corán, “Y lo enviamos a un grupo de cien mil o más” (Corán. Surat As-saffat: 37. 147), lo aceptaron y siguieron. En el año 598 a.C. el Rey Nabucodonosor de Babilonia invadió el reino de los Judaitas y tomó

Jerusalén. El Templo de Salomón quedó intacto pero los tesoros, tanto el del Templo como el del Palacio Real, fueron expoliados por el nuevo gobernante, por lo que los judíos no tardaron en rebelarse contra su nuevo señor. Esto dio lugar a un nuevo ataque por parte de Nabucodonosor en el año 586 a.C., ataque en el que tanto el Templo como la ciudad fueron destruidos. El resultado de ambas invasiones fue un gran número de Judaitas llevados a Babilonia como esclavos, pero, a diferencia de lo ocurrido con los Israelitas del reino del norte, los Judaitas no fueron borrados de la historia.

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