LA VIDA DEL PROFETA MUHAMMAD

Que Allah le bendiga y le dé paz

Vida profeta

La primera revelación la recibió el Profeta estando retirado en la cueva de Hira, en la montaña An Nur.

Resumen de la vida del Profeta Muhammad (La Sirah)

Su infancia

Muhammad era hijo de ‘Abdallah, nieto de ‘Abdul-Muttalib el hijo de Hashim de la tribu de los Quraysh, descendiente de Isma’il el hijo de Ibrahim (Abraham), y nació en Makka alrededor del año 570 d.C. Su padre murió antes de que naciera Muhammad y su madre, Amina, murió cuando todavía era un muchacho; en su abuelo, ‘Abdul-Muttalib, encontró un tutor y un protector y luego, tras su muerte, en su tío Abu Talib.

Su niñez fue muy sencilla. Siguiendo la costumbre de las familias acomodadas de Makka, fue enviado a una tribu del desierto y amamantado por una nodriza llamada Halima. No recibió una educación especial y cuidaba del rebaño de cabras y ovejas de su familia adoptiva en las colinas que rodeaban a Makka.

En cierta ocasión, acompañó a su tío en una caravana que se dirigía a Siria. Durante el viaje se encontraron con un eremita cristiano llamado Bahira que dijo a su tío que su joven sobrino sería el profeta de su gente.

Cuando tenía veinticinco años volvió a hacer el mismo viaje, esta vez como comerciante al servicio de una rica viuda llamada Jadiya. El resultado de su éxito y de los informes sobre la excelencia de su carácter fue que Jadiya contrajo matrimonio con su joven representante. Vivieron juntos veintiséis años; Jadiya fue la madre de sus hijos y permaneció a su lado durante los años difíciles en los que Muhammad intentó propagar el Islam entre la gente de Makka.

El comienzo de la revelación

Muhammad tenía la costumbre de pasar el mes de Ramadan en la cueva de una montaña cercana a Makka y en la más absoluta soledad. Cuando tenía cuarenta años y en los últimos días de ese mes, oyó una voz durante la noche que le decía: “¡Lee!” Muhammad contestó: “Yo no sé leer”. La voz dijo de nuevo: “¡Lee!”. Atemorizado, repitió las mismas palabras: “No sé leer”. Por tercera vez ordenó la voz: “¡Lee!”. Muhammad preguntó: “¿Qué tengo que leer?”. La voz dijo: “¡Lee en el nombre de tu Señor que ha creado! Ha creado al hombre de un coágulo”. (96: 1-2); Sira de Ibn Hisham). Este fue el comienzo de la revelación del Corán que descendió, de forma intermitente, hasta poco antes de su muerte veintitrés años más tarde. La voz le dijo que él, Muhammad, era el Mensajero de Allah. Cuando alzó la vista, vió al ángel Ŷibril, el medio elegido por el Creador del universo para transmitir la Revelación.
Lo primero que pensó Muhammad es que se había vuelto loco, pero fue reconfortado por su esposa Jadiya; poco a poco, y conforme continuaba la revelación, vió cómo le abandonaba la reticencia que sufría llegando a aceptar la tremenda tarea de ser el Mensajero del Señor de la creación. En los tres años siguientes a este acontecimiento, contó a su círculo más allegado lo que había sucedido. Su esposa Jadiya, su hijo adoptivo ‘Ali, su esclavo liberto Zayd y su amigo Abu Bakr, fueron los primeros en aceptar lo que decía y decidieron seguirle.

La orden de hacer pública la llamada al Islam

Al poco tiempo Muhammad recibió la orden de “salir y amonestar”, y entonces comenzó a dirigirse a la gente de Makka. Les habló de la estupidez que suponía la adoración de ídolos ante las pruebas claras de la Unidad Divina manifiestas en la creación. Les dio las buenas noticias de los deleites del Jardín en el Otro Mundo para los que creyesen en el Dios Único y actuasen según su creencia, y les avisó sobre los tormentos del Fuego para los que rechazasen esta creencia. Al ver amenazada con esta enseñanza su forma de vida, los clanes de los Quraysh manifestaron su hostilidad y comenzaron a insultarle y a perseguir sus seguidores.
A pesar de todo, el número de musulmanes crecía de forma paulatina; los Quraysh trataron de detenerle con sobornos, ofreciendo incluso convertirlo en su rey si llegaba a un acuerdo con ellos y dejaba de atacar a sus falsos dioses. Con sus palabras y su ejemplo, Muhammad estaba minando y poniendo en serio peligro la estructura de su sociedad y los fundamentos de su riqueza. La despiadada persecución contra sus seguidores hizo que el Profeta, a quien Allah bendiga y conceda paz, enviase a un grupo de los mismos a Abisinia donde disfrutaron de asilo temporal bajo el mando del rey cristiano de ese territorio.

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