Los milagros de Jesús 2

En su infancia y adolescencia

Milagros Jesus niño

Los milagros de Jesus en la etapa de la infancia son numerosos

Seguimos relatando algunos de los milagros de Jesús en su infancia y adolescencia

Dijo As-Sadi: “Cuando Jesús, la paz sea con él, estaba en la escuela, solía decir a los otros muchachos lo que estaban haciendo sus padres respectivos. Decía: ‘Vete a casa porque tu gente ha estado comiendo esto y lo otro y han preparado estas cosas para ti”. El muchacho iba a su casa y comenzaba a protestar y llorar hasta que al fin le daban lo que Jesús había descrito. Su gente le preguntaba: ‘¿Quién te lo ha contado? y el muchacho respondía: ‘Jesús”. Su familia ordenaba entonces al muchacho y a otros de sus compañeros que se quedaran en la casa. Cuando Jesús vino a buscarlos dijeron: ‘No están aquí’. Jesús dijo: ‘¿Quién está entonces en la casa? Contestaron: ‘Cerdos’. Dijo Jesús: ‘Pues cerdos sean. Cuando la gente abrió la puerta donde se supone estaban ¡eran cerdos! Los Hijos de Israel comenzaban a estar molestos con Jesús así que su madre, temerosa por él, lo subió a un burro de su propiedad y huyeron a Egipto”.

La historia de los ladrones

Wahb dijo: “El primer signo que vio la gente de Jesús, fue que su madre estaba viviendo en la casa del jefe de un pueblo de Egipto a la que José, el carpintero, lo había traído cuando le acompañó hasta esta tierra. Los pobres solían acudir a casa de este jefe del pueblo. En una ocasión, parte de su dinero fue robado pero el jefe no sospechó de los pobres. María estaba apesadumbrada por el suceso y por la pena que sufría el dueño de la casa. Cuando Jesús se dio cuenta de la desazón que afligía a su madre le dijo: ‘¿Madre, quieres que lo guíe hasta donde está el dinero?’ María contestó: ‘Sí hijo mío’. Jesús dijo: ‘Dile que reúna a los pobres en la casa’.
María lo comunicó al dueño de la casa y éste así lo hizo. Cuando estaban todos reunidos, Jesús se dirigió hacia dos de ellos, uno de los cuales estaba ciego y el otro cojo, y colocando al cojo sobre los hombros del ciego dijo a éste último: ‘Ahora levántate’. El ciego contestó: ‘No soy tan fuerte como para poder hacerlo’. Jesús le dijo: ‘¿Cómo es que ayer sí pudiste?’ Cuando oyeron las palabras de Jesús golpearon al ciego hasta que por fin se levantó, pudiendo verse entonces que el cojo llegaba hasta el lugar donde se guardaba el dinero. Jesús dijo entonces al dueño de la casa: ‘así es como ayer atentaron contra tu propiedad. El ciego hizo uso de su fuerza y el cojo de sus ojos’. Entonces el ciego y el cojo dijeron: ‘¡Por Dios que ha dicho la verdad!’ y devolvieron el dinero al dueño de la casa. Este, antes de guardarlo dijo: ‘María, toma la mitad’. Contestó ella:
‘No fui creada para esto’. Dijo el dueño: ‘Entonces dáselo a tu hijo’. Dijo María: ‘Su rango es superior incluso al mío’… En esa ocasión, Jesús tenía doce años”.

El milagro de los tintes

Ata dijo: “Cuando María sacó a Jesús de la escuela, le hizo aprender varios oficios. El último que le quedaba era el de los tintoreros, así que María entregó a Jesús al maestro de este gremio para que aprendiera con él. En cierta ocasión, el maestro tenía que ir de viaje y antes de partir dijo a Jesús: ‘Tú ya has aprendido este oficio y yo tengo que irme a un viaje del que no regresaré antes de diez días. Aquí hay artículos de diferentes colores que he marcado con el nuevo color al que deben teñirse. Quiero que los tengas listos para cuando yo vuelva’. Dicho esto, el hombre partió. Jesús, la paz sea con él, preparó un recipiente con un solo color, puso toda la ropa en su interior y dijo: ‘Con el permiso de Allah, sed lo que se espera de vosotros’. Cuando regresó el maestro y vio toda la ropa en un único recipiente dijo:
‘Jesús, ¿qué has hecho? Contestó: ‘He terminado el trabajo’. Dijo el maestro: ‘Adónde están las ropas?
Contestó Jesús: ‘En ese recipiente’. ‘¿Todas juntas? dijo el hombre. ‘Sí’ contestó Jesús. Y el hombre dijo:
‘¿Cómo es que están todas juntas en un solo recipiente? ¡Has estropeado los vestidos!’. Dijo Jesús: ‘Levántate y mira’. El maestro se levantó y Jesús sacó un vestido amarillo, uno verde, otro rojo y así sucesivamente, cada uno con el color deseado. El tintorero se asombré y comprendió que era cosa de Allah, Grande y Glorioso que es. Entonces el maestro llamó a la gente y dijo: ‘Venid a ver lo que ha hecho Jesús, la paz sea con él’. Y así, el maestro y sus compañeros y también los aprendices, creyeron en Jesús; y Allah, Grande y Glorioso, sabe más.”

Juan deja la comunidad Esenia

Durante la adolescencia de Jesús, Juan dejó la comunidad Esenia y comenzó a vivir solo en el desierto. ‘Tenía Juan su vestido hecho de pelos de camello, con un cinturón de cuero con el que se ceñía, y su comida eran langostas y miel silvestre”. (Mateo 3:4) Comenzó a enseñar a la gente y no ponía demasiado énfasis en el largo período de aprendizaje que era comúnmente necesario para todo aquél que deseaba ser miembro de pleno derecho de la comunidad Esenia. Esto dio lugar a un movimiento de carácter público. Exhortaba a todos a que se volviesen a Jehová, asegurándoles que el Reino de Dios sería pronto establecido ya que el Mesías prometido se daría a conocer en un tiempo no muy lejano.

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