Similitudes entre el Evangelio de Bernabé y el Corán

Concordancias con respecto al hecho de la crucifixión de Jesús

Bernabé

Hay muchos puntos comunes entre la narración que hace el Corán y la del Evangelio de Bernabé en relación a lo ocurrido en torno a la crucifixión.

En la narración de lo ocurrido en torno a la crucifixión hay muchos puntos comunes entre el Corán y el Evangelio de Bernabé

A pesar de que —como ocurre con todos los Evangelios— es imposible verificar con absoluta certeza el contenido del Evangelio de Bernabé al no existir un manuscrito anterior, original y auténtico, su narración de lo ocurrido tiene sentido y explica la confusión que rodea los acontecimientos sucedidos en la detención y posterior crucifixión. Explica también por qué algunas narraciones, escritas por personas que no estaban presentes en estos sucesos dan validez a la creencia de que Jesús fue realmente crucificado. Lo más importante quizás es que la versión de Bernabé no contradice lo contenido en el Corán, que es la única declaración al respecto que puede considerarse cierta en nuestros días.

Existen también varias fuentes históricas aparte de la Biblia y el Corán que confirman el hecho de que muchos de los primeros cristianos no creían que Jesús había muerto en la cruz; donde no parece haber total acuerdo es sobre si fue o no el que iba a traicionar a Jesús quien fue finalmente crucificado. Los Cerinthias y luego los Basilidianos, por ejemplo, ambos grupos pertenecientes a las primeras comunidades cristianas, negaban que Jesús fuera crucificado, pero creían que fue Simón de Cirenea el que ocupó su lugar. Cerinthus, un contemporáneo de Pedro, Pablo y Juan, negaba también la resurrección de Jesús.

Los Carpocratianos, otra de las primeras sectas cristianas, creían que el crucificado no había sido Jesús sino uno de sus seguidores que se parecía mucho a él. Plotinus, que vivió en el siglo IV, nos narra que había leído un libro titulado Los Viajes de los Apóstoles en el que se narran los hechos de Pedro, Juan, Andrés, Tomás y Pablo. Entre otras cosas, el libro afirma que Jesús no fue el crucificado sino otro en su lugar, riéndose en consecuencia de los que creían haberlo hecho.

Así pues, a pesar de que está claro que Jesús no fue crucificado, las fuentes difieren o no especifican quien ocupó su lugar; otras opiniones, por el contrario, emitidas dos mil años después, dudan del acontecimiento:

«Cuando se comprueba que la lista de ultrajes atribuidos a los soldados romanos repite casi verbalmente algunos pasajes del Antiguo Testamento… es cuando se empieza a sospechar que el episodio descrito no es más que una mera invención»

No hay ninguna otra descripción histórica conocida que describa lo ocurrido con Jesús después de la «crucifixión» excepto las contenidas en el Evangelio de Bernabé y en el Corán. Como ya hemos visto, ambas describen el episodio conocido como la

«Ascensión» -cuando Jesús es sacado de este mundo- suceso que también está descrito en el Evangelio de Lucas y en los Hechos de los Apóstoles pero que, como señala el Dr. Maurice Bucaille, ni siquiera es mencionado en los otros tres Evangelios oficialmente aceptados:

«Los Evangelios de Mateo y Juan no hablan de la Ascensión de Jesús. El de Lucas la sitúa en el día de la Resurrección y cuarenta días después en los Hechos de los Apóstoles, de los que se afirma que Lucas es el autor. Marcos menciona el suceso (sin darle fecha) en una declaración que hoy no se considera auténtica. En consecuencia, la Ascensión carece de base sólida en lo que a las Escrituras se refiere. Sin embargo, los comentaristas tratan esta importante cuestión con increíble ligereza.»

Por último y ya que Jesús aún no ha vuelto a este mundo, como él mismo prometió y como predijo el Profeta Muhammad, que Allah bendiga y conceda paz a ambos, es evidente que la vida de Jesús en este mundo aún no ha concluido y en consecuencia la narración histórica de las misma debe permanecer inconclusa a pesar de que, como veremos en el capítulo 10, existen ya algunas descripciones de sucesos de la vida de Jesús que tendrán lugar a su regreso.

 

 


Extracto del libro «Jesús, profeta del Islam», de Ahmad Thomson.

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