La crucifixión en los Evangelios de Judas y Bernabé y en el Apocalipsis de Pedro

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La creencia musulmana en contra de la crucifixión de Jesús es defendida por los evangelios recientemente descubiertos

La creencia musulmana en contra de la crucifixión de Jesús es defendida por los evangelios recientemente descubiertos que, según los musulmanes, se han mantenido a salvo de la distorsión, como el Evangelio de Judas, que dice que Jesús le dijo a Judas: “Superarás a todo ellos, porque sacrificarás al hombre que me viste”. Este evangelio confirma la creencia musulmana de que Jesús no fue crucificado y que fue Judas, quien pudo haber sido el que lo traicionó, quien fue crucificado en su lugar. Según los musulmanes, “vestirme” significa “tiene mi parecido” (es decir, ser crucificado en lugar de mí). Otra posición más clara dice: «Tú superarás a todos ellos. Tú sacrificarás al hombre que se me parece.

Otro evangelio que relata la historia de la crucifixión en detalle es el Evangelio de Bernabé. Este apoya la creencia musulmana antes mencionada, confirmando que fue Judas y no Jesús quien fue crucificado. Leemos los siguientes versículos del Evangelio de Bernabé:

Entonces ellos condenaron a dos ladrones junto con él a la muerte en la cruz. Así que ellos lo condujeron al Monte Calvario, donde ellos solían colgar a los malhechores, y allí lo crucificaron desnudo, para mayor ignominia. Judas en verdad no hacía más que gritar: Dios ¿Por qué me has abandonado, viendo que el malhechor ha escapado y yo muero injustamente?. Verdaderamente digo que la voz, la cara, y la persona de Judas eran tan similares a Jesús, que sus discípulos y creyentes creyeron completamente que él era Jesús; así que algunos se apartaron de la doctrina de Jesús, creyendo que Jesús había sido un falso profeta, y que por artes mágicas él había hecho los milagros que hizo, ya que Jesús habría dicho que él no habría de morir sino hasta cerca del fin del mundo; ya que en este tiempo él sería llevado del mundo. (Capítulo 217)

Aunque muchos sacerdotes cristianos desafían la autenticidad del Evangelio de Bernabé, los versículos anteriores contienen la evidencia de su autenticidad. En Mateo y Marcos, descubrimos que Jesús supuestamente dijo: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”. Una declaración similar es citada en el Evangelio de Bernabé, pero supuestamente hecha por Judas.

Aunque los evangelios de Mateo y Marcos son considerados más auténticos que los de Bernabé por la mayoría de los sacerdotes cristianos, el Evangelio de Bernabé es visto como más creíble cuando se trata de la crucifixión, pues la declaración anterior es improbable que sea hecha por un profeta, al que incluso se tiene por el Hijo de Dios. Solo puede ser hecha por un malhechor. En esta situación, un verdadero profeta, que incluso se dice que es el Hijo de Dios, no puede ser tan susceptible a esto. Se espera de él que tenga tal confianza en Allah que nada pueda alterar su compostura.

Los evangelios de Judas y Bernabé están corroborados por el Apocalipsis de Pedro, donde leemos la siguiente narración sobre la supuesta crucifixión:

“¡Ea, pues! Cumplamos la voluntad del Padre incorruptible. He aquí, pues, que vendrán los que traen el juicio sobre aquellos (los eclesiásticos), y quedarán expuestos a la vergüenza. Pero, en cuanto a mí, no podrán tocarme. Pero tú, oh Pedro, estarás en medio de ellos. No temáis a causa de tu 81 cobardía. Su mente se cerrará, pues el Invisible se les opondrá. Cuando dijo estas cosas, ví cómo ellos lo agarraban de aquel modo. Y dije: —¿Qué veo, oh Señor? ¿Eres tú a quien agarran y eres tú el que te aferras a mí? O ¿quién es ese (que) sonríe alegre sobre el árbol? Y ¿hay otro a quien golpean en pies y manos? El salvador me dijo: —Aquel al que viste sobre el árbol alegre y sonriente, éste es Jesús, el viviente. Pero este otro, en cuyas manos y pies introducen los clavos, es el carnal, el sustituto, expuesto a la vergüenza, el que existió según la semejanza, ¡míralo a él y a mí! Pero yo, en cuanto vi, dije: —Señor, nadie te mira. Vayámonos de este lugar. Pero él me dijo: —Te lo he dicho; deja a los ciegos solos. Y en cuanto a ti, mira cuán poco entienden de lo que dicen. 82 Pues han expuesto a vergüenza al hijo de su gloria en vez de a mi siervo. Y vi a uno que se acercaba a nosotros que se parecía a aquel que se reía sobre el árbol. Estaba (vestido) del Espíritu Santo y es el Salvador. Y hubo una gran luz, inefable, que los rodeó, y una multitud de ángeles inefables e invisible que lo alababa. Y yo soy el que lo ha visto cuando se manifestó el que da gloria. Y me dijo: —Sé fuerte, pues tú eres aquel a quien han sido dados estos misterios, para conocerlos por una revelación, (a saber) que aquel a quien crucificaron los demonios y el recipiente de piedra en el que habitan (los demonios), el (hombre) de Elohim, el de la cruz que está bajo la Ley. Pero aquel que está cerca de él es el Salvador viviente, el que primero estaba en él, al que apresaron y soltaron, que está de pie, alegre, mirando a aquellos que usaron con él violencia, mientras están divididos entre 83 ellos. Por este motivo, se ríe de su falta de visión, sabiendo que son ciegos de nacimiento. Existe, pues, ciertamente, el que toma sobre sí el sufrimiento, pues el cuerpo es el sustituto. Pero lo que liberaron fue mi cuerpo incorpóreo. Pero yo soy el Espíritu intelectual pleno de luz radiante. Al que visteis viniendo sobre mí es nuestro Pleroma intelectual, el que une la luz perfecta con mi Espíritu Santo”.

La autenticidad del Apocalipsis de Pedro también es corroborada por el siguiente versículo en el Antiguo Testamento:

“Ciertamente con tus ojos mirarás Y verás la recompensa de los impíos”. (Salmo 91: 8).


Referencias:

1- La Santa Biblia

2- www.biblehub.com

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