EL PROFETA NOÉ 1/4

Parte 1 de 4

Noé agua

Noé advirtió a su pueblo día y noche acerca de que Dios era el Único Creador.

Lo que ocurrió entre Adán y Noé

Habían pasado muchos años tras la muerte de Adán. Antes del nacimiento de Noé (Nuh, en árabe), vivieron cinco personas rectas y honradas en el mundo: Wudd, Suwa’a, Yaghuz, Ya’uq y Nasr. Cuando ellos murieron la gente construyó sus estatuas para recordarles.
Las generaciones se siguieron las unas a las otras. Murieron los progenitores, siguiéndoles sus descendientes. Pero éstos olvidaron por qué sus padres habían construido las estatuas. Iblis, el demonio, aprovechó esta oportunidad y les engañó. Logró convencerles de que estas figuras eran unos dioses. La gente empezó a adorar estos falsos ídolos.

Cuando se inició esta idolatría todo lo que había en el mundo empalideció. Toda la belleza se extinguió y la creación perdió su verdadero significado. La maldad empezó a gobernar el mundo; la vida se convirtió en un verdadero infierno insoportable.
Tras el olvido de Dios y la adoración de las estatuas, la situación sólo podía ser esta. Los falsos dioses podían ser una escultura de roca, un vellocino de oro o incluso un hombre de carne y hueso. Dios envió a Noé a la humanidad en este contexto para que les recordara el mensaje de Dios y les guiara por el camino recto.

Las grandes cualidades del profeta Noé

Noé no era un rey ni un soldado de alta graduación, ni tampoco una persona adinerada de su sociedad, sino el más honrado de su tiempo, ya que la grandeza no se mide por la situación económica ni el estrato social. La verdadera grandeza es la tranquilidad espiritual, tener la conciencia limpia y los hermosos pensamientos sublimes que adornan el espíritu humano.
Noé tenía una cualidad más que le hacía ser un gran hombre: siempre veneraba a Dios… Al acostarse y al despertarse, al comer y al beber, al vestirse, al entrar en casa y al salir… Siempre recordaba los beneficios eternos de Dios y Le daba gracias por ellos. Para apreciar dicha cualidad, Dios hablaría de Noé a su último Mensajero Muhammad (que Dios le bendiga y le salve) en el Sagrado Corán del siguiente modo: “Él fue un auténtico siervo agradecido a Dios“.
Dios eligió a Noé, que era un siervo agradecido. Noé, en cuanto pudo hablar con los suyos les dirigió estas palabras: “Obedeced y venerad a Dios que es el Único. No hay otro señor más que Dios. Si no abandonáis a vuestros dioses, me temo que os alcanzará un castigo doloroso“. (Surat Nuh).

Noé advirtió a su pueblo día y noche acerca de que Dios era el Único Creador. Dijo que ya era hora de librarse de las malas artes de Iblis. Les contó la importancia con la cual Dios dotó a los humanos… Cómo los había salvado de las tinieblas y les había otorgado beneficios eternos, les sugirió usar la razón en el camino recto… Les hizo recordar que la idolatría era análoga a encarcelar y ahogar la razón.

La gente le escuchó en silencio. Noé influyó en gran medida en sus cerebros entorpecidos.
Imaginad a un hombre durmiendo junto a una pared que está a punto de derrumbarse y alguien que pasaba por allí corre para salvarle de la catástrofe que va a ocurrir en unos minutos, le sacude por el hombro, entonces se despierta de repente asustado, pero no ve la pared que se va a derribar hacia él y se enoja con el hombre que quiere salvarle… Este hombre de buena voluntad es Noé y el que no se percata de que está siendo salvado es su pueblo.

La maldad que campaba a sus anchas por el mundo oía estas palabras y las temía. Las palabras de amor de Noé destronaban el odio de Iblis. Hubo diferentes reacciones ante el mensaje de Noé. Sus palabras ayudaban a los pobres, a las víctimas, a los desamparados; resolvían sus problemas y curaban sus heridas abiertas. Solamente estos grupos aceptaron a Noé.
Pero los poderosos, los que explotaban a su pueblo, los gobernantes crueles sospechaban de Noé. No les agradaban sus palabras. No querían que él impidiera la táctica que extorsionaba y perjudicaba al pueblo. Por eso lucharon contra Noé. Lo indicaron así: “Dices que eres un profeta, pero eres un hombre como nosotros, no existe ninguna diferencia entre nosotros”.
Noé no decía sino esto. Sí, era un hombre, un ser humano. Dios elegía a sus Mensajeros de entre los humanos porque eran ellos quienes vivían sobre la faz de la Tierra. Si vivieran ángeles en el mundo, Dios escogería un mensajero de entre los ángeles. Entonces, ¿podrían los humanos actuar como los profetas si ellos fueran ángeles? Un ángel no come, no bebe ni duerme. ¡Cómo podrían vivir entonces como un ángel!

Dios elegía a sus Mensajeros de entre los seres humanos. El Mensajero vivía como un hombre más: comía, bebía, trabajaba y descansaba, paseaba por las calles e iba al mercado. Pero siempre llevaba el Amor Divino en el corazón. Tan sólo tiene un problema: la obediencia de la humanidad hacia Dios. El mayor disgusto para ellos sería que las personas se alejaran de Dios. También se alegra cuando un ser humano es musulmán. Los Profetas son las estrellas del horizonte del espíritu humano. Son como los ángeles del mundo.

 

 

Escrito por Nevzat Savas.

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