Francis David

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Francis David fue un reformador y humanista húngaro, fundador de la iglesia unitaria de Transilvania

Francis David nació en Kolozsar, Transilvania, en el año 1510. Estudiante brillante, logró obtener una beca para Wittenberg donde se preparó durante cuatro años para ser sacerdote católico. A su regreso a Kolozsar fue nombrado rector de una iglesia católica. Después se hizo protestante, abandonó la Iglesia Católica en 1555 y pasó a ser rector de una iglesia Luterana. Cuando se produjo la división entre Lutero y Calvino en el seno del movimiento Reformista, David se unió al partido Calvinista. La Reforma estaba todavía en sus primeros días y en esa atmósfera el espíritu de investigación aún se mantenía con cierta frescura. Se permitía la discusión sobre todos los aspectos del Cristianismo. La Iglesia Reformada aún no había adoptado una doctrina establecida por lo que todavía había espacio para pensar con total libertad. En este clima intelectual era posible defender una libertad de creencia en la que cada individuo sólo daba cuentas a Dios.

Los dos dogmas que causaban mayor confusión en las mentes de la gente de la época, y que desafiaban toda explicación racional, eran los relacionados con la divinidad de Jesús y la Trinidad. El intelecto de David estaba agitado por culpa de estos inexplicables artículos de fe. No podía entender cómo era posible que a los que creían en estos “misterios” sin tratar de entenderlos se los considerara mejores cristianos que a los que sí lo intentaban. David no estaba dispuesto a una fe a ciegas. Poco a poco llegó a la conclusión de que Jesús no era divino y afirmó la creencia en la existencia de un Dios único.

Esta creencia tenía en Polonia un considerable número de seguidores. Los líderes de este grupo eran dos: Blandrata, el médico de la corte, y un hombre llamado Socianus. Mientras David estaba aún intentando formular su creencia, el Rey John de Transilvania cayó enfermo y Blandrata fue llamado para curarlo. David conoció a Blandrata en esos días y con ello confirmó que la creencia en un Dios único era la base auténtica del Cristianismo.

En el año 1566, David hizo una profesión de fe en la que mostraba el lugar del dogma de la Trinidad a la luz de las palabras de la Biblia. En su confesión, David repudiaba el concepto escolástico del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Blandrata, por su parte, publicó un documento que exponía siete postulados en los que refutaba estas doctrinas tanto afirmativa como negativamente. Ese mismo año, y por recomendación de Blandrata, el Rey John nombró a David predicador de la corte. Actuando como tal, David se convirtió en el representante del partido Unitario en los debates nacionales convocados por el rey para clarificar los temas religiosos de la época. David era un orador sin parangón, uno que, como afirmaba uno de sus contemporáneos, “parecía tener en la punta de la lengua el Antiguo y el Nuevo Testamento”.

Los debates más importantes celebrados en el reino del Rey John, tuvieron lugar en Gyualafehervat en los años 1566 y 1568, y en Nagyvarad en 1569. El primer debate no tuvo carácter decisivo. No obstante, el rey se mostró sumamente impresionado por los argumentos expuestos por Blandrata y David. En 1567 se promulgó el Decreto de la Tolerancia. Decía:

“En cada lugar, los predicadores expondrán y comentarán el Evangelio según su propio entendimiento; si les gusta a los feligreses, mejor que mejor; en caso contrario, nadie puede obligarles y tendrán el predicador cuya doctrina aprueben. Nadie podrá molestar o denigrar al predicador, ni tampoco se permitirá encarcelar o castigar a nadie por culpa de su enseñanza ya que la fe es el regalo de Dios”.

El segundo sínodo, celebrado en el año 1568, se convocó con el fin de establecer de forma definitiva si las doctrinas de la Trinidad y la deidad eterna de Jesús figuraban o no en las Escrituras. David, que era un orador poderoso y convincente, no podía ser rebatido. Cuando sus oponentes se dieron cuenta de que estaban perdiendo el debate, comenzaron a denigrarle, lo cual convenció aún más al rey de la autenticidad de los argumentos expuestos por David. El debate duró diez días. El resultado fue el establecimiento del Unitarismo como fe popular y a David como su principal defensor.

Durante este período, los escritos de Miguel Servet, que habían sido casi destruidos por completo por las autoridades de la Iglesia Trinitaria, fueron introducidos subrepticiamente en Transilvania y traducidos a la lengua local. Leídos ampliamente, los documentos reforzaron aún más la posición del movimiento Unitario en la Europa Oriental.

El tercer sínodo, celebrado en Hungría en el año 1569, fue, según un historiador húngaro, “el debate decisivo” que produjo el “triunfo definitivo del Unitarismo”. El rey en persona presidió las sesiones estando acompañado de las personalidades más relevantes del reino tanto civiles como militares. Los argumentos de David eran los siguientes:

La visión del Papa de Roma sobre la Trinidad es en realidad la creencia en cuatro o cinco dioses a la vez: una substancia que es Dios; tres personas separadas, cada una de las cuales se dice que es Dios; y un hombre, Cristo a quien también se le considera Dios. Sin embargo, Dios es sólo Uno, el Padre desde Quien y por Quien todo existe: El que todo lo ha creado, El que está por encima de todo y junto a Quien no hay otro dios, ya sean tres o cuatro, ni en substancia ni en personas, puesto que la Escritura no enseña en ningún sitio la existencia de un Dios triple.

El Dios/Hijo de la Iglesia que se pretende ha nacido de la misma substancia que Dios desde el inicio de la eternidad, no aparece mencionado en las Escrituras; ni tampoco aparece el Dios/Hijo que es la supuesta segunda persona de la Trinidad descendida desde los cielos y que se hizo carne. Esto no es más que una invención humana y una superstición que debe ser rechazada como tal.

Jesús no se creó a sí mismo. Dios fue Quien le dio la personalidad. Dios, por mediación del Espíritu Santo, fue Quien hizo que fuera engendrado. Dios fue Quien lo santificó y lo envió a este mundo.

La relación entre Dios y Cristo estaba determinada sólo por Dios, un Dios en su más absoluta Soberanía Divina, claramente distinto de y por encima de todo lo que hay en Su creación, incluido Jesús.

Para Dios el tiempo no pasa, para Él todo está en presente de indicativo. Jesús nació en el tiempo y fue sacado del tiempo; y no hay lugar en las Escrituras donde se mencione que Jesús procede del inicio de la eternidad.

El debate duró cinco días. Una vez más fue definitivo. En el discurso que cerraba el sínodo, el rey ordenó que se concediera libertad total de conciencia a los Unitarios. Melio, líder del partido Luterano, fue advertido de no hacer de Papa, no quemar libros y no convertir a la gente por la fuerza. Poco tiempo después, David resumía el debate con las siguientes palabras:

“Yo seguí las líneas de las Escrituras pero mis oponentes lo ocultaron como pudieron; y cuando hicieron tres del Dios Padre y dos de Cristo convirtieron la luz en oscuridad. Su religión es contradictoria hasta el punto de no poder presentarse como un todo completo. Sin embargo ya verán que a pesar incluso de sus propios deseos, Dios demostrará Su Verdad”.

El resultado del debate fue que la casi totalidad de los habitantes de la ciudad de Kolozsar se convirtieron en creyentes del Dios único. La creencia se extendió a las zonas rurales y se convirtió en la fe de la gran mayoría de la gente. El Unitarismo llegó a ser una de las cuatro religiones oficialmente “aceptadas”, es decir, protegida por la ley, y en el año 1571 había cerca de 500 congregaciones Unitarias en Transilvania.

Este fue el año en que murió el Rey John. A pesar de que la popularidad del Unitarismo siguió aumentando, el nuevo rey, Rey Stephen, no era tan tolerante como su predecesor y dio marcha atrás a la política de libertad de conciencia decretada por el Rey John. La vida empezó a ser difícil para los que afirmaban la Unidad Divina y, para empeorar aún más las cosas, David riñó con Blandrata y Socianus. David era un Unitarista inflexible que no podía soportar la asociación de cosa alguna con Dios, aunque fuera incluso de forma indirecta. Sociano, por su parte, hacía una distinción entre la adoración y la invocación dirigidas a Jesús. No se le podía invocar, pero sí se le podía adorar. Algo que David no podía aceptar ni tolerar.

Los Unitarios polacos encontraron la distinción demasiado sutil, puesto que era demasiado difícil percibir la diferencia entre una cosa y la otra. En la práctica diaria y bajo la forma de pensar más común, la distinción parecía desvanecerse y, cuanto se practicaba el culto, era prácticamente imposible poder afirmar si una persona estaba adorando o invocando.

Los católicos romanos gozaban del apoyo del nuevo rey y la división entre los líderes del movimiento Unitario les confería una fuerza adicional. Durante la celebración de la Dieta de Torda en 1571, se manifestó un descontento generalizado sobre algunos pastores de la Iglesia acusados de practicar innovaciones La misma acusación fue repetida durante las Dietas de 1573, 1576 y 1578, y las quejas tomaron un carácter cada vez más específico hasta que apuntaron hacia la persona de Francis David. Mientras ocurría todo esto, Blandrata había estrechado su amistad con el nuevo rey y, dándose cuenta de la reputación y riqueza que proporcionaba esta amistad, se opuso directamente a David en el año 1578 y le aconsejó que abandonara sus creencias. Sin embargo, David no estaba dispuesto a abandonar sus convicciones para salvar el pellejo. Blandrata, tras haber luchado toda su vida por establecer la creencia en la Unidad Divina, se sentía débil y viejo y sólo quería descansar. No quería atraer problemas sobre sí mismo o sobre sus amigos. Sabían que lo que estaba haciendo David era muy peligroso y pensaban que sería más fácil para todos si David seguía el ejemplo marcado por ellos.

Pero David permanecía firme. No sólo continuó predicando, sino que, a pesar de la creciente oposición, comenzó a escribir y a distribuir panfletos en los que exponía sus creencias. Blandrata invitó a Socianus a venir a Transilvania para persuadir a David de que cambiara sus ideas y aceptara la diferencia hecha anteriormente entre la adoración y la invocación de Jesús. Socianus llegó y fue invitado a alojarse en casa de David. Los intentos de persuadirle no tuvieron éxito, pero sí se acordó que David pondría sus creencias por escrito y que éstas se presentarían a un sínodo de la Iglesia Unitaria Polaca. David cumplió lo acordado resumiéndolo en cuatro puntos fundamentales:

  • El mandamiento estricto de Dios es que nadie debe ser invocado excepto Dios, el Padre, el Creador de los cielos y de la tierra.
  • Cristo, el predicador de la Verdad, enseñó que nadie debe ser invocado junto con el Padre celestial.
  • La verdadera invocación está definida como aquélla que se dirige al Padre tanto en espíritu como en verdad.
  • Todas las maneras de oración están dirigidas al Padre, no a Cristo.

Sociano escribió una respuesta contra estas ideas y David le respondió, también por escrito, defendiéndolas. La discusión se hizo cada vez más acalorada y pronto se convirtió en amarga y personal. El resultado fue que Blandrata y David se convirtieron en enemigos a ultranza. Esto proporcionó al rey Católico el apoyo necesario; sin más dilación ordenó que David fuera sometido a arresto domiciliario sin la posibilidad de recibir visitas. David conoció la orden antes de que fuera ejecutada. Comenzó a predicar en todos los lugares que le fue posible, tanto iglesias como plazas públicas, comunicando a la gente la razón del inminente arresto. Decía: “No importa lo que intente hacer el mundo puesto que a pesar de todo, el mundo entero sabrá que Dios es Uno”.

Tras el arresto, David fue llevado ante una Asamblea. Blandrata actuaba de fiscal y de testigo principal. La presión soportada por David era tan intensa que cayó enfermo. Tuvo que ser llevado en una silla puesto que apenas podía mover los brazos y las piernas. Condenado a cadena perpetua fue encarcelado en la mazmorra de un castillo situado en la cima de una colina. Nadie sabe lo que David sufrió en los cinco meses que duró su encierro. Murió en noviembre de 1579 y fue enterrado como un delincuente en una tumba sin distinción alguna.

Después de la muerte de Francis David se descubrió un poema escrito en la pared de la celda que ocupaba. Parte del mismo dice:

“Dos veces durante diez años he servido fielmente a mi país.

Y mi fidelidad al Príncipe ha sido siempre probada.

¿Os preguntáis por el delito tan odiado por la Patria?

Sólo es este: ‘He adorado a un Dios único, no a tres”.

Los últimos versos del poema dicen:

“No hay alivio ni martirio, ni espada papal ni el rostro visible de la mismísima muerte,

No hay poder capaz de resistir el avance de la Verdad.

Lo que pensaba es lo que he escrito Y he hablado con corazón sincero. Tras mi muerte los dogmas de la mentira serán derrocados”.

David murió pero el movimiento continuó. Hasta tal punto fue así que durante muchos años a los Unitarios de Transilvania se los conocía con el nombre de los “de la religión de Francis David”. En nuestros días, sus argumentos están admitidos como “claros, directos y bíblicos. El veredicto de toda persona dotada de sentido común está a favor de David”.

Blandrata, que había jugado un papel tan importante en la muerte de David, se convirtió en un personaje muy popular, tanto entre los católicos como ante el Rey. Llegó a ser tan rico que su heredero no quiso esperar que llegara la hora de la muerte natural, y lo mató. A pesar de que la persecución de los Unitarios continuó con virulencia, no logró, como suele ocurrir, conseguir los resultados deseados por los perseguidores. David terminó por ser santificado como mártir y su ejemplo sirvió a los Unitarios como fuente de una inspiración que sobrevivió a las generaciones posteriores y a todo tipo de persecución.

No obstante, el número de Unitarios disminuyó considerablemente en Transilvania; donde sí aumentó fue en el sur de Hungría, zona que estaba bajo gobierno turco, ya que los gobernantes musulmanes seguían las instrucciones del Corán por la cuales se permite vivir en paz a los seguidores de otras creencias, siempre y cuando no interfieran con las prácticas del Islam y paguen el impuesto conocido como Yizia. Así fue como, bajo el mandato turco, todos los cristianos tanto Trinitarios como Unitarios disfrutaron de una libertad inexistente en cualquier otro país cristiano. Se les permitía incluso practicar sus leyes personales.

Aprovechándose de esta libertad, por ejemplo, un obispo Calvinista mandó a la horca a un Unitario bajo la acusación de herejía. Uno de los sacerdotes Unitarios informó de esta acción al gobernador turco de Buda. El gobernador hizo traer a su presencia al obispo Calvinista y a dos de sus ayudantes; tras someterlos a juicio, lo condenó a muerte acusados de asesinato. El sacerdote Unitario pidió entonces clemencia a favor del obispo Calvinista aduciendo que no era venganza lo que buscaba, sino impedir que se repitieran este tipo de incidentes. Al final, los culpables no fueron colgados en la horca y, tras el pago de una cuantiosa multa, fueron puestos en libertad.

Bajo el gobierno turco los Unitarios disfrutaron de un periodo de paz que duró casi un siglo; en un momento dado había cerca de sesenta iglesias en todo el país. No obstante, con el declive del poder turco, la libertad de creencia de la que disfrutaban los Unitarios también comenzó a disminuir y de nuevo fueron obligados a convertirse al Catolicismo Romano. Los que rehusaban hacerlo eran despiadadamente perseguidos. A finales del siglo XIX ya no era posible perseguir a la gente de forma tan descarada, con lo que el número de Unitarios comenzó a aumentar de nuevo. El movimiento Unitario aún perdura en la Europa Oriental de nuestros días y la influencia de David sigue presente en los corazones de la gente.

Se especula sobre los contactos entre Francis David y los musulmanes. Es cierto que sus creencias se acercan mucho al Islam, y hay al menos un pasaje de sus escritos en el que menciona el Corán para defender sus convicciones:

“En el Corán se afirma con toda razón que Jesús no puede ayudar a los que lo adoran porque acabarían convirtiéndolo en Dios, cosa contraria a la doctrina que él mismo enseñó… Así pues, los que predican que deberíamos adorar e invocar a Jesús tienen un comportamiento censurable; Jesús enseñó que se debe invocar al Padre… Dios no es triple sino Uno”.

A pesar de los insultos y calumnias urdidos contra David, jamás fue denunciado como musulmán; es posible que tanto los calvinistas como los católicos temieran que dicha acusación provocara que los, en ese entonces poderosos, gobernantes turcos prestaran su ayuda a los Unitarios.

Una de las críticas principales esgrimidas contra David era que si sus ideas se aceptaban desaparecería la distinción entre judaísmo y Cristianismo, y este último sería englobado por el primero. El mismo Blandrata provocó abiertamente a David acusándolo de querer volver al judaísmo. Jamás refutó los argumentos de David sino que intentaba desacreditarle utilizando el sentimiento popular contra los judíos a quienes los mal informados cristianos Europeos hacían responsables del “asesinato de Cristo” olvidando aparentemente que cada nuevo Profeta ha venido para confirmar y ampliar las enseñanzas de los Profetas anteriores.

Parte de la importancia de David reside en que al afirmar la Unidad Divina confirmaba el lugar de Jesús en la tradición Profética, sin con ello negar en absoluto a los Profetas anteriores ni al que le iba a seguir, Muhammad, que la paz sea con todos ellos. Además de ésto, hacía recordar a la gente que la verdadera fe y confianza en Dios, junto con una vida que siga el ejemplo y las enseñanzas de Jesús, la paz sea con él, son suficientes para esta vida y la que ha de venir”.

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