John Milton

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John Milton fue contemporáneo de Biddle, y estaba de acuerdo con muchas de sus ideas

Milton, contemporáneo de Biddle y de acuerdo con muchas de sus ideas, no era tan decidido como Biddle y prefirió vivir fuera de la prisión. En el volumen segundo de su obra «Tratado sobre la Religión Verdadera», sus críticas son más bien veladas. Dice:

«Se acusa a los Arrianos y los Socianos de estar en contra de la doctrina de la Trinidad. Declaran creer en el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo según las Escrituras y el Credo Apostólico. Pero rechazan términos como «trinidad», «triunidad», «co esencialidad» y «tripersonalidad» por ser nociones escolásticas que no se encuentran en las Escrituras que, según la creencia general de los Protestantes, son suficientes para expresar el significado de su propia fe con las palabras apropiadas para un tema tan importante; palabras que se deben conocer porque si bien la creencia parece un misterio en las sutilezas sofisticas de los escolásticos, en las Escrituras es una doctrina sencilla».

En otro de sus libros, Milton fue más directo. Decía que el poder ejercido por los Papas, los Concilios, los Obispos y los Presbíteros debía clasificarse entre las formas de tiranía más odiosas y vulgares. Luego continúa:

«Toda imposición de ordenanzas, ceremonias y doctrinas son, en realidad, una injustificada invasión de la libertad».

El poeta jamás desafió abiertamente la autoridad civil del país sino que se mantuvo al margen como protesta contra el fanatismo e intolerancia de la Iglesia establecida. Como gran parte de los intelectuales más destacados, Milton dejó de asistir a la iglesia. El Dr. Johnson dijo de Milton:

«Milton no se asoció con ninguno de los grupos Protestantes. De Milton se sabe mejor lo que no era que lo que era. No pertenecía a la Iglesia de Roma. No era de la Iglesia de Inglaterra. Milton envejeció sin conocérsele una práctica de culto manifiesta. En su horario cotidiano no había horas de oración –el trabajo y las reflexiones eran su oración habitual»124.

Es evidente que el Dr. Johnson no conocía la existencia de un libro escrito por Milton, descubierto ciento cincuenta años después de su muerte, en 1823. El manuscrito se descubrió en la antigua State Paper Office de Whitehall y tiene por título «Un Tratado sobre Dios». Escrito durante el periodo en el que Milton era secretario de latín con Cromwell, parece obvio que no estaba destinado a publicarse durante la vida de Milton. En la Parte Primera, Capítulo Segundo, Milton habla de los atributos de Dios y la Unidad Divina:

«A pesar de no ser pocos los que niegan la existencia de Dios, ‘Dice en su corazón el insensato ¡No hay Dios!’ (Salmos, 14 1), no cabe duda de que la Deidad ha impreso en la mente humana pruebas abundantes e indudables de Su existencia; y en la naturaleza entera hay tantos indicios de Su presencia que nadie que tenga sentido común puede ignorar la verdad. Es evidente que todo lo que hay en el mundo, con la belleza de su ordenación y la evidencia de un propósito determinado y benéfico que todo lo impregna, da testimonio de la preexistencia de un Poder supremo y eficiente que ha ordenado la existencia con un fin determinado.

Y sin embargo no hay nadie que pueda pensar sobre Dios correctamente de forma natural, o con la razón como única guía, independiente de la palabra o el mensaje de Dios… Así pues, Dios ha hecho una revelación de Sí mismo más lejos de lo que nuestras mentes puedan concebir o la debilidad de nuestra naturaleza pueda soportar. Este conocimiento de la Deidad que es necesario para la salvación del ser humano, Él ha consentido, por su Bondad, revelarlo en abundancia… Los nombres y atributos de Dios muestran Su naturaleza, Su poder y las excelencias divinas…

Milton enumera a continuación algunos de los atributos de Dios: Veracidad, Espíritu (Yo soy el que soy), Inmensidad e Infinidad, Eternidad, Inmutabilidad (Yo no cambio), Incorruptibilidad, Inmortalidad, Omnipresencia, Omnipotencia y por último la Unidad que, según Milton, «procede necesariamente de todos los atributos precedentes».

Y a continuación, Milton aporta las pruebas siguientes de la Biblia:

«Yahvé es el verdadero Dios y no hay otro fuera de Él». (Deuteronomio, 4: 35).

«Yahvé es el único Dios allá arriba en el cielo, y aquí abajo en la tierra; no hay otro». (Deuteronomio, 4: 39).

«Yo, sólo Yo soy, y no hay otro Dios junto a Mí». (Deuteronomio, 32: 39).

«…Para que todos los pueblos de la tierra sepan que Yahvé es Dios y no hay otro».  (I Reyes 8: 60).

«…Tú sólo eres el Dios en todos los reinos de la tierra». (11 Reyes 19: 15).

«Vosotros sois testigos; ¿Hay otro dios fuera de Mí? ¡No hay otra Roca, Yo no la conozco»! (Isaías 44: 8).

«Yo soy Yahvé, no hay ningún otro; fuera de Mí ningún dios existe» (Isaías 45: 5).

«No hay otro dios fuera de Mí» (Isaías 45: 21).

«Porque Yo soy Dios, no existe ningún otro» (Isaías 45: 22).

(Al comentar este versículo, Milton dice: ‘Es decir, que no hay espíritu, persona, o ser junto a Él que sea dios, puesto que «ningún» es una negación universal).

«Yo soy Dios y no hay ningún otro. Yo soy Dios, no hay otro como Yo» (Isaías 46: 9).

Milton continúa diciendo:

¿»Qué puede ser más claro, evidente y adecuado a la comprensión general y a las formas comunes del lenguaje, cuando lo que se busca es elucidar ante el pueblo de Dios que lo que existe es Un solo Dios y Un solo espíritu según la aceptación más general de la unidad numérica? Es sin duda apropiado y sumamente placentero a la razón que el mandamiento primero, y en consecuencia, el más importante y al que incluso la más inferior de las personas debe escrupulosa obediencia, nos llegara de manera clara y desprovisto de expresiones ambiguas u oscuras que podrían haber inducido a Sus adoradores al error o haberles sumido en la duda. De acuerdo con ésto, los israelitas que vivían bajo la Ley, y sus Profetas entendieron que Dios era, desde el punto de vista numérico, un Dios único a cuyo lado ni había otro dios, ni por supuesto alguien igual a Él. Aún no ha aparecido el erudito que, basado en la confianza de su propia sagacidad, o mejor dicho, utilizando argumentos contradictorios, haya impugnado la doctrina de la Unidad Divina, doctrina que pretenden afirmar. En lo que respecta a la Omnipotencia de la Deidad, está universalmente admitido, como hemos dicho antes, que Él no puede hacer cosa alguna en la que esté presente la contradicción: debe en consecuencia recordarse aquí y ahora que no puede decirse cosa alguna sobre el Dios único que contradiga Su Unidad si al mismo tiempo reconoce Sus atributos de Unidad y Pluralidad. En Marcos 12: 29 32: Escucha Israel: El Señor nuestro Dios, es el Único Señor. Y dijo el escriba: Muy bien Maestro; tienes razón al decir que Él es único y que no hay otro fuera de Él».

Milton señala a continuación que el Espíritu Santo tiene que ser inferior tanto a Dios como a Jesús, dado que sus obligaciones eran las de llevar mensajes de Uno al otro. Por sí mismo no podía hacer nada. En consecuencia estaba supeditado y obedecía a Dios en todos los asuntos. Era enviado por Dios y decía justo lo que se le había ordenado decir.

Milton llega después a las siguientes conclusiones basándose en su conocimiento de la Biblia: El Espíritu Santo no es omnisciente. El Espíritu Santo no es omnipresente. Y no puede decirse que si el Espíritu Santo hace el trabajo ordenado por Dios, sea por ello parte de Dios. Si éste fuera, el caso, ¿por qué entonces se llama al Espíritu Santo ‘El Consolador’ (Paráclito), a alguien que vendrá después de Jesús, que no habla de sí mismo ni por cuenta propia, y cuyo poder es en consecuencia adquirido? (Juan 16: 7 14). Es evidente que si en vez de aceptar el término «Consolado» (Paráclito) en su sentido más obvio de Profeta que vendrá después de Jesús, se le llama por el contrario Espíritu Santo y además Dios, la confusión creada no tendrá fin.

Milton está de acuerdo con Arrio al afirmar que Jesús no era eterno. Señala que estaba en el poder de Dios la decisión de crear o no a Jesús. Concluye diciendo que Jesús nació «dentro de los límites del tiempo» y que no hay pasaje alguno en las Escrituras que describa la «generación eterna de Jesús». Milton es tajante al afirmar que la hipótesis que presenta a Jesús como parte de Dios, a pesar de ser otro tanto personal como numéricamente, es extraña y aberrante para el sentido común. Este dogma, añade Milton, es una violación de la razón y de la evidencia contenida en las Escrituras. Milton está de acuerdo con el «pueblo de Israel» a la hora de afirmar que Dios es Uno y único. Es tan evidente que no necesita explicación alguna Dios es el único Dios que existe por Sí mismo, y todo ser que carezca de esta cualidad no puede ser Dios. Termina diciendo:

«Es asombroso comprobar las fútiles sutilezas, 0 mejor dicho, las intricadas artimañas con las que ciertos individuos han tratado de eludir o enturbiar el significado claro y evidente de ciertos pasajes de las Escrituras».

Milton temía expresar sus ideas abiertamente puesto que, de haberlo hecho, habría puesto en peligro su seguridad personal arriesgándose a sufrir el mismo trato que Biddle y tantos otros que como él habían sufrido en el pasado.

En 1611, por ejemplo, y en vida del propio Milton, dos hombres llamados Mr. Legatt y Mr. Wightman fueron quemados vivos con permiso del rey por creer que en la Unidad del Dios Supremo no había una Trinidad de personas, Padre, Hijo y Espíritu Santo; que Jesucristo no era el hijo natural y verdadero de Dios, ni tampoco tenía la misma substancia que Él; y por creer que Jesucristo era sólo un hombre, un mero ser creado y no Dios y hombre en una misma persona.

El silencio que Milton mantuvo durante su vida con respecto a estas cuestiones, es más que comprensible.

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