Los padres en el Islam

El profeta Job (Ayyub) 1/2

Un ejemplo de paciencia

Ayyub Job paciencia

Ayyub es conocido como el profeta de la paciencia, Sabr en árabe.

La vida es indiscutiblemente una cadena de pruebas. Y para los humanos las pruebas empiezan desde la infancia. Los seres humanos se hacen puros, llegan a su origen, maduran y llegan a ser muy fuertes para enfrentarse con situaciones difíciles. Sería imposible distinguir el oro del carbón, si no existieran las pruebas.

La vehemencia de la prueba es directamente proporcional a la grandeza de la persona. Las pruebas más difíciles son las que tuvieron que pasar los profetas. Dios había puesto a prueba a Job (en el Corán es nombrado como “Ayyub”) con una enfermedad muy grave.

Ayyub, la paz sea con él, era un siervo muy recto. Dios deseó ponerlo a prueba con su familia, sus bienes y su cuerpo. Sí, en una época era un hombre muy rico y respetable; pero después perdió toda su riqueza y se quedó en la miseria más absoluta. Poco después perdió a su familia y se quedó solo. Además tenía una enfermedad muy grave y sufría mucho. Pero a pesar de todo ello, Job nunca se rebeló ni dejó de rezar, al contrario, siempre tuvo paciencia y se acercó más a Dios.

La riqueza conlleva sus responsabilidades y tiene sus dificultades. Ayyub, la paz sea con él, superó la prueba soportándolas. Ahora era la hora de la prueba de la pobreza. Y también la aprobó con el permiso de Dios. Tenía una familia grande y eran muy felices, algo que también tenía sus dificultades; pero Job las superó. Ahora estaba solo y pasaría el examen de soledad.

Hubo una época en que tenía un cuerpo sano. Y Dios lo había puesto a prueba con eso. Él siempre estuvo agradecido por las bendiciones. Incluso cuando la enfermedad le cubrió todo el cuerpo siguió dándole gracias a Dios y tuvo paciencia. Así que también lo superó. Él se había dirigido a Dios. No se curaba su enfermedad, la pobreza era insoportable y la deslealtad de la gente le dolía mucho. Tenía sólo tres amigos: la enfermedad, la pobreza y soledad. Pero él había producido unos alternativos: la paciencia, el agradecimiento y la oración…

Un día Shaytán se le apareció y le dijo:

— ¡Oh Job! La única razón de todos los dolores que sufres soy yo. Si un día dejas de agradecerle a Dios, créeme que vas a curarte de tu enfermedad, rebélate y deja la paciencia… es inútil tener paciencia.

Ayyub, la paz sea con él, no dudó en rechazarlo y le echó del cuarto, gritándole:

— Lárgate de aquí y no te me aparezcas nunca más. No voy a renunciar a la paciencia, el agradecimiento, ni las oraciones aunque sea sólo por un instante.

El demonio salió desesperado del cuarto. Job estaba furioso. ¿Cómo se podía atrever el diablo a pedirle tal cosa?
No obstante, una vez más, Ayyub, la paz sea con él, había sido capaz de superar la prueba.

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