La Infalibilidad de los Profetas entre el Islam y el Cristianismo (1/2)

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En el Islam, todos los profetas, incluyendo a Jesús y a Muhammad, han estado libres de cometer faltas mayores.

La infalibilidad de los profetas es a menudo objeto de un debate considerable entre cristianos y musulmanes. Por un lado, los cristianos no creen en la infalibilidad de los profetas a excepción de Jesús. Por otra parte, los musulmanes creen en la infalibilidad de los profetas, pero no están de acuerdo sobre si esa infalibilidad es o no absoluta.

Entonces, ¿son los profetas tan infalibles como los ángeles, o son gente común como nosotros? ¿Qué dicen exactamente el Islam y el Cristianismo acerca de la infalibilidad de los profetas?

La Infalibilidad de los Profetas en el Islam

En el Islam, aunque los profetas hayan sido seres humanos, alcanzaron los niveles más altos de integridad y perfección humana. Aunque su naturaleza era terrenal, mundana, susceptible al error y la falta, alcanzaron los grados más altos de nobleza espiritual y pureza moral.

Por eso los profetas estaban más unidos al Cielo y, por consiguiente, menos expuestos a cometer errores y faltas que las personas comunes.

En el Corán, leemos:

Los hombres eran una única comunidad y Allah envió a los profetas como portadores de buenas nuevas y advertidores. E hizo descender el Libro con la verdad, para que fuera un juicio entre los hombres sobre aquello en lo que discrepaban. (Al-Baqarah 2: 213)

También leemos:

Realmente Allah ha concedido una gracia a los creyentes al enviarles un Mensajero salido de ellos mismos que les recita Sus signos, los purifica y les enseña el Libro y la Sabiduría; ya que antes estaban en un extravío evidente. (Aal Imran 3: 164)

Sin embargo, los profetas podían cometer errores al hacer aquellas cosas que son menos importante, confundirse u olvidar o incluso cometer pequeñas faltas sin impacto significativo en sus mensajes divinos o en su misión profética. Todo eso son actitudes humanas a las que incluso los profetas eran vulnerables, ya que eran seres humanos creados a partir de arcilla.

Sin embargo, los profetas no estuvieron expuestos a todos los pecados, pues hay pecados mayores que interfieren con la compañía divina. Los profetas estaban en permanente compañía con la presencia divina. Por esta razón no cometieron faltas graves, pues Dios no les permitió comenzar o terminar de cometer esas faltas.

Por ejemplo, el Corán cita al Profeta José diciendo:

Y yo no digo que mi alma sea inocente pues es cierto que el alma ordena insistentemente el mal, excepto cuando mi Señor tiene misericordia.

Es verdad que mi Señor es Perdonador y Compasivo. (Yusuf 12:53)

Acerca del Profeta José, el Corán también dice:

Ella lo deseaba y él la deseó, pero vio que era una prueba de su Señor. Fue así para apartar de él el mal y la indecencia. En verdad es uno de Nuestros siervos elegidos. (Yusuf 12:24)

Si uno siente realmente que Dios está con él todo el tiempo, es poco probable que cometa una falta mayor, especialmente si es piadoso, simplemente porque los motivos para cometer una falta grave entre la gente piadosa, y en especial los profetas, están ausentes. Por eso no hay mucho espacio para la tentación de que un profeta cometa un pecado mayor.

Debe tenerse en cuenta que Dios esencialmente escogió, transformó y guió a los profetas para que guiaran a la humanidad a Su camino. ¿Cómo alguien desviado o equivocado puede guiar a otros? ¡Un ciego no puede juzgar los colores!

Sin embargo, los profetas pudieron cometer faltas menores, sin que estas afectaran a sus mensajes divinos o a su integridad moral. Eran seres humanos y errar es humano. Los profetas no eran ángeles que no podían desobedecer a Dios.

Aunque el pecado es desagradable a la vista de Dios, el arrepentimiento, el regreso a Dios y el perdón son muy apreciados por Él. Si no fuera por ese perdón, Dios no habría creado la humanidad.

Dios quiere un ser que sea obediente por elección y no por compulsión. El pecado es un efecto secundario del libre albedrío del hombre, que se pasa por alto cada vez que se produce el arrepentimiento sincero aunque se repita el pecado.

Dios le da a su siervo una oportunidad tras otra de volverse a Él en arrepentimiento, y esto con la posibilidad de cometer faltas es más amado por Dios que la obediencia ligada a la incapacidad de pecar.

Abu Hurairah narró que el Mensajero de Dios dijo: “¡Por Aquel en cuya Mano está mi alma! Si no cometieras faltas, Dios os reemplazaría por un pueblo que cometiera faltas y buscara el perdón de Dios; y Dios ciertamente los perdonaría”. (Muslim)

Aunque el pecado es malo, hay veces que conduce al bien. A veces hace que uno mismo se sienta humilde, abyecto y modesto como resultado del reconocimiento del pecado, el reconocimiento del defecto y el reconocimiento del perdón. Este sentimiento no habría sido conseguido por alguien infalible, sin pecado.

En consecuencia, Dios quiere el arrepentimiento de todas sus criaturas sin discriminación. En este sentido, no hay diferencia entre los profetas y otras personas. Todos son iguales en este sentido. Así, el arrepentimiento de los profetas es igualmente deseable. Sobre eso, leemos en el Corán:

Tira tu vara. Y cuando la vio reptar como si fuera una serpiente se alejó dando la espalda sin volverse. ¡Musa! No temas, los enviados no temen ante Mí. Pero sí quien haya sido injusto, a menos que reemplace el mal por bien pues es cierto que Allah es Perdonador y Compasivo. (An-Naml 27: 10-11)

En este sentido, pueden ser entenderse los pequeños defectos de algunos profetas que se narran en el Corán o en la Sunnah (tradición profética).

Por consiguiente, en el Islam, hay una creencia aceptable en la infalibilidad lógica de los profetas. Los profetas no son ni tan absolutamente infalibles como los ángeles ni son retratados como adúlteros y borrachos.

La Infalibilidad de los Profetas en el Cristianismo

A pesar de que el cristianismo reconoce el alto nivel de la profecía y los méritos de los profetas en la Biblia, ahonda en graves fechorías y pecados graves, no solo de los profetas, sino también de toda persona decente.

Por ejemplo, la Biblia describe al Profeta Noé como un borracho que bebe y se desnuda. Leemos: “Después comenzó Noé a labrar la tierra, y plantó una viña; y bebió del vino, y se embriagó, y estaba descubierto en medio de su tienda”. (Génesis 9: 20-21)

Del mismo modo, la Biblia retrata al Profeta Lot como un hombre inmoral que bebe, duerme con sus propias hijas y engendra hijos ilegítimos. Leemos: “Pero Lot subió de Zoar y moró en el monte, y sus dos hijas con él; porque tuvo miedo de quedarse en Zoar, y habitó en una cueva él y sus dos hijas. Entonces la mayor dijo a la menor: Nuestro padre es viejo, y no queda varón en la tierra que entre a nosotras conforme a la costumbre de toda la tierra. Ven, demos a beber vino a nuestro padre, y durmamos con él, y conservaremos de nuestro padre descendencia. Y dieron a beber vino a su padre aquella noche, y entró la mayor, y durmió con su padre; mas él no sintió cuándo se acostó ella, ni cuándo se levantó. El día siguiente, dijo la mayor a la menor: He aquí, yo dormí la noche pasada con mi padre; démosle a beber vino también esta noche, y entra y duerme con él, para que conservemos de nuestro padre descendencia. Y dieron a beber vino a su padre también aquella noche, y se levantó la menor, y durmió con él; pero él no echó de ver cuándo se acostó ella, ni cuándo se levantó. Y las dos hijas de Lot concibieron de su padre”. (Génesis 19: 30-36)

Del mismo modo, la Biblia retrata al Profeta David como un libertino. Leemos: ” Envió David a preguntar por aquella mujer, y le dijeron: Aquella es Betsabé hija de Eliam, mujer de Urías heteo. Y envió David mensajeros, y la tomó; y vino a él, y él durmió con ella. Luego ella se purificó de su inmundicia, y se volvió a su casa. Y concibió la mujer, y envió a hacerlo saber a David, diciendo: Estoy encinta”. (2 Samuel 11: 3-5)

Los ejemplos bíblicos de la comisión de faltas mayores por los profetas son numerosos. Por lo tanto, debemos descubrir el secreto detrás de poner a los profetas en situaciones tan vergonzosas en la Biblia. Podemos preguntar: si los profetas eran realmente indecentes, ¿cómo podrían guiar a la gente al camino de Dios? Es bastante evidente que aquellos profetas necesitaban guía de acuerdo a la Biblia.

Se puede asegurar que la ausencia del concepto de la infalibilidad de los profetas en el cristianismo es atribuible a un concepto más corrupto y decepcionante como es la creencia en la contaminación de la humanidad con un pecado imperdonable.

De acuerdo con esta creencia cristiana moderna, nadie está libre de este pecado, excepto Jesús, porque él es un ser humano infalible, es un semidiós (mitad Dios) o, más en concreto, un tercio de Dios.

Dado que la humanidad está contaminada e inmunda, la única solución en el cristianismo contemporáneo es que Jesús (el semidiós) sea asesinado por la humanidad para que la humanidad pueda ser descontaminada y purificada del pecado.

Pero, ¿cómo puede el pecado de asesinato conducir al perdón de cualquier otro pecado? ¿El mayor pecado, es decir el homicidio, conduce al castigo o al perdón?

Teniendo en cuenta las conclusiones anteriores, no nos parece extraño que la Biblia atribuya inmoralidades a los profetas de Dios. Sin lugar a dudas, esta creencia está corrupta de forma aparente, dada la perversión del concepto de profecía mismo en el cristianismo actual.

Los profetas son personas a quienes Dios guió y seleccionó para guiar a la gente a través de ellos. Si no fuera porque Él envió profetas a la gente y la respuesta de algunas personas a Dios a través de ellos, la humanidad habría sido condenada y el mundo habría llegado a su fin.

Es natural que la supervivencia del mundo esté pendiente de la adoración de Dios. Si esta adoración dejara de existir, seguramente el castigo descendería. En el Corán, leemos:

A punto han estado de intimidarte y hacer que te fueras del país. Entonces, sólo unos pocos hubieran permanecido después de irte. (Al-Israa ’17:76)

El versículo anterior significa que la incredulidad de la gente en el Profeta Muhammad y el mensaje celestial que él les llevó sin duda habría llevado a su destrucción y ruina. Esta era la norma divina que era aplicable a todas las naciones pasadas. Dios solía destruir a las naciones que no creían en sus profetas.

Si los profetas fueran realmente tal como la Biblia los representa, no se podría considerar que ellos mismos estaban correctamente guiados y la gente no podría haber sido guiada a través de ellos. En consecuencia, el castigo habría tenido lugar y el mundo habría dejado de existir.

Dado que el mundo continúa existiendo, esto es una evidencia suficiente para la fe y la bondad continua y, consecuentemente, la integridad de los profetas y la guía de las personas a través de ellos.

La creencia en la redención a través de la sangre de Jesús es una creencia aparentemente falsa. Si la población de la tierra está realmente contaminada por el pecado y no puede ser purificada, no es buena y es inútil redimirla, ya sea a través de la sangre de Jesús o de otra manera. Cualquier redención de este tipo no habría cambiado o limpiado su naturaleza contaminada.

¿Cómo habría ayudado la redención si la gente hubiera insistido en el mal y el pecado? El asesinato de Jesús no habría hecho nada nuevo más que el derramamiento de sangre injusto de una persona inocente, es decir la adición de un crimen horrible al expediente criminal de la humanidad.

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Ver también:

La infalibilidad de los profetas en el Islam y el Cristianismo. (2/2)

Referencias:

  • El Glorioso Corán
  • Sahih Muslim
  • La Sagrada Biblia
  • St-Takla.org
  • Biblegateway.com
  • Biblehub.com

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