La tensa situación de la sociedad en la que nació Jesús

tensa Jerusalén

La sociedad en la que nació Jesús vivía una situación altamente tensa

Es necesario comprender el contexto histórico de la sociedad en la que nació Jesús

Antíoco, mientras gobernaba Jerusalén, llegó a cometer el error de colocar una imagen de Zeus en el Templo de Salomón. Tal hecho provocó las iras de los judíos, que se amotinaron liderados por los Macabeos de Judá. La hoz y el martillo eran el emblema de su revuelta. A pesar de que Antíoco Epeplianio había saqueado Jerusalén y el Templo en 161 a.C., los judíos no se rindieron y en último término los griegos fueron expulsados de Jerusalén.

La reconstrucción del Templo de Salomón

Los judíos victoriosos encontraron el Templo en ruinas, el santuario desolado, el altar profanado y la puerta del Templo quemada. Reconstruyeron el Templo según las descripciones de la Torá. Los nuevos gobernantes eran tan queridos que pronto se transformaron en los sumos sacerdotes del Templo y en los nuevos reyes de Israel. Con tal concentración de poder en sus manos, los nuevos líderes se convirtieron en extremadamente estrictos con el cumplimiento de la Ley y la gente comenzó a desear la administración más benevolente de los gobernantes extranjeros.

Cuanto más grande era la insatisfacción provocada por su gobierno, más altivos y arrogantes se volvían los Macabeos. Y una vez más los judíos comenzaron a urdir intrigas contra sus líderes, intrigas que en gran parte dieron paso al dominio romano sobre Jerusalén. La ciudad cayó bajo control romano en el 63 a.C. En la época que nacía Jesús, cerca del año 4 a.C., los romanos cometían el mismo error que los gobiernos precedentes. Habían erigido una enorme águila dorada en la puerta principal del Templo. Una vez más los judíos enfurecidos se amotinaron contra los romanos.

La rebelión de los Macabeso

Dos descendientes de los Macabeos fueron los primeros en desplegar las banderas de la revolución. Su objetivo era la destrucción del águila. Para los romanos se trataba no sólo de un acto de sedición sino también de un insulto contra su religión. Tras un gran derramamiento de sangre la revuelta fue aplastada. Los dos líderes de la misma fueron apresados y quemados vivos. Pero al poco tiempo los romanos tuvieron que enfrentarse a otra rebelión. Dos mil judíos rebeldes fueron crucificados. El resentimiento de los derrotados judíos estaba en su apogeo cuando en el año 6 a.C. el Emperador Augusto ordenó llevar a cabo un censo de la población judía a fin de facilitar la recaudación de los impuestos. Pagar impuestos al deificado emperador iba contra las enseñanzas de la Torá. Los judíos reconocían a un solo rey: Jehová. Nuevos altercados se sucedieron a los anteriores. Los elementos más moderados de la población comprendieron que si la situación empeoraba, el conflicto produciría una masacre completa de los judíos, por lo que aconsejaron someterse y pagar los impuestos a fin de evitar el suicidio sin sentido de la población. Los líderes que compraron la paz a este precio carecían de la estima popular y eran considerados traidores a la nación judía.

El nacimiento de Jesús ocurrió justo en medio de una tensa situación

El nacimiento de Jesús ocurrió justo en medio de esta tensa situación. En este contexto histórico es fácil comprender la oposición de los gobernantes romanos a la figura de Jesús; pero para comprender por qué algunos de los líderes de los judíos también mostraban oposición a Jesús, es necesario examinar brevemente lo sucedido con la Torá durante los trece siglos transcurridos desde su revelación.

La posible destrucción de la Torá original

Como ya hemos visto, la Torá original fue probablemente destruida durante las invasiones lideradas por Nabucodonosor en el siglo VI a.C. Durante el exilio de algunos judíos en Babilonia, Esdras intentó poner por escrito la Torá que había memorizado, pero está comúnmente aceptado que esta versión fue destruida a su vez durante el saqueo de Jerusalén a manos de Antíoco Epeplianio en el año 161 a.C. En su libro “Izhar-ul-Haqq”, Maulana M. Rahmatullahi Kairanvi cita a John Mill, erudito católico del siglo diecinueve, cuando dice:

“Todos los eruditos están unánimemente de acuerdo a la hora de afirmar que la Torá original (Pentateuco) y el resto de libros originales que formaban el Antiguo Testamento fueron destruidos por las fuerzas de Nabucodonosor. Cuando Esdras compiló los nuevos textos, éstos fueron destruidos a su vez durante la invasión de Antíoco”.

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