Los padres en el Islam

¿Por qué Muhammad se casó con varias mujeres?

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El Corán otorga a las mujeres un estatus legal que la mayoría de las mujeres occidentales no disfrutarían hasta el siglo diecinueve

Cada vez que surge el nombre del Profeta Muhammad, la imagen en la mente de muchas personas es un hombre con muchas esposas. Para los musulmanes, sus matrimonios múltiples tuvieron un significado e implicaciones inmensas para el Islam y, por extensión, para la historia del mundo. Huelga decir que el tema sigue siendo controvertido y, como tal, cualquier estudio del asunto requiere un enfoque objetivo. Por lo tanto, nos esforzaremos por abordar este tema siendo lo más objetivos posible.

Al Profeta Muhammad le movía el objetivo de asegurar que su misión como Mensajero de Dios se cumpliera y establecer una sociedad basada en los mandamientos de Dios, y no en los suyos propios. Para lograr este objetivo, hizo todo lo humanamente posible: forjó relaciones con las diversas tribus de Arabia, concertó tratados de paz con sus enemigos declarados y mantuvo relaciones con los jefes de diferentes tribus, naciones y religiones.

Tomados en conjunto, sus matrimonios fueron una de las formas en que fomentó las relaciones con algunas tribus influyentes. Si uno viera los matrimonios del Profeta desde este contexto, los factores motivadores detrás de sus matrimonios se aclararían. Sería muy simplista e incorrecto ver sus matrimonios simplemente con fines lujuriosos. Examinemos brevemente el contexto de cada uno de sus matrimonios para ver si este fue el caso.

Desde el principio es de suma importancia señalar que, a excepción de una sola de sus esposas, todas sus once esposas eran viudas o divorciadas. La mayoría de hecho enviudaron.

Su primer matrimonio fue con una viuda llamada Jadiya, que se había casado dos veces y con quien se casó cuando ella tenía cuarenta años y él veinticinco. Ella fue la primera mujer en abrazar el Islam. Ella le proporcionó un gran consuelo durante toda su vida y él continuó recordándola en sus últimos años como su esposa más querida. Permaneció con ella fielmente durante 25 años hasta su muerte, momento en el que él tenía 50 años y ella 65 años.

Si le impulsaban los deseos lujuriosos, como acusan sus enemigos, podría haberse casado con varias jóvenes bellas en una sociedad en la que tener muchas esposas era una norma. No habría ninguna razón para permanecer fielmente con una mujer mayor hasta los 50 años. Solo este hecho sería suficiente para refutar totalmente las acusaciones a este respecto. Sin embargo, un examen de todos sus matrimonios, como veremos, debería poner fin a esta cuestión.

Después de la muerte de Jadiya, se casó con otra viuda, Sawda, que tenía 65 años. Ella y su esposo anterior, Sakran, se encontraban entre los que habían inmigrado a Etiopía, huyendo de la opresión y la persecución de los mecanos. Fue durante su regreso a Meca cuando su esposo murió. Al ver su difícil condición, el Profeta (la paz sea con él) se casó con ella.

Luego, se casó con ‘Aisha, hija de su amigo y compañero de toda la vida Abu Bakr. ‘Aisha había sido prometida a Jabir bin Mut’im a la edad de 5 años. Los matrimonios infantiles eran evidentemente la norma en ese momento. Ella era la única virgen entre las esposas del Profeta y la única que nació en una familia musulmana. Uno de los objetivos del Profeta en este matrimonio era fortalecer el vínculo de su hermandad con Abu Bakr, que era su principal defensor contra los mequinenses. Segundo, ‘Aisha era de un linaje conocido por honor e inteligencia. El Profeta sabía que ella beneficiaría tremendamente a su nación (ummah) al transmitir conocimiento crucial de su vida, especialmente asuntos familiares y personales que otros no conocían.

De hecho, el Profeta aconsejó a su comunidad que aprendiera la mitad del conocimiento de la religión de ‘Aisha. La previsión del Profeta demostró su valía, ya que viviría 45 años después de su muerte y, por lo tanto, se convirtió en una de las principales fuentes de sabiduría y conocimiento proféticos.

También se casó con otra viuda, Hafsa, hija de ‘Umar Bin al-Jattab, su siguiente compañero más cercano. Su esposo, Junays, había sido martirizado en la Batalla de Badr. Sentía el deber hacia ‘Umar, cuya aceptación del Islam proporcionó un impulso importante para los musulmanes en Meca contra sus enemigos.

Zaynab, hija de Juzaima, era otra viuda con quien se casó el Profeta. Estaba casada con ‘Ubayda bin Al-Haris, martirizado en la Batalla de Badr. Tenía sesenta años cuando el Profeta se casó con ella. Ella era conocida como la “Madre de los oprimidos”. Ella, sin embargo, falleció dos o tres meses después de su matrimonio.

Se casó con otra viuda, Umm Salama. Su anterior esposo, Abu Salama, fue martirizado en la Batalla de Uhud, dejando cuatro huérfanos. Umm Salama estaba embarazada en ese momento y estaba muy angustiada y muy triste. Huelga decir que necesitaba mucho apoyo. Después de su parto, ‘Umar propuso que el Profeta se casara con ella. El Profeta aceptó la propuesta y se casó con ella.

¿Qué propósito puede tener una persona de 54 años para casarse con una viuda con cuatro huérfanos, a excepción del amor, la misericordia y la compasión? Había otro factor crucial en este matrimonio: Umm Salama era de la tribu Bani Majzum, la tribu de los archienemigos del Islam en ese momento, Abu Jahl y Jalid bin Walid. Aunque Abu Jahl nunca cambió, Jalid aceptó Islam más tarde y se convirtió en un brillante general militar. Una vez más, acercar a las tribus influyentes y poderosas al Islam fue uno de los objetivos nobles de los matrimonios del Profeta.

Se casó con una mujer divorciada, Zaynab, la hija de Jahsh. Estaba casada con Zayd bin Hariza, el esclavo liberado del Profeta. Ella era prima del Profeta, siendo la hija de su tía paterna. Zayd se divorció de ella y el Profeta se casó con ella cuando ella tenía 38 años. Su matrimonio con Zaynab estaba destinado a enfatizar la invalidez de la antigua práctica árabe de tomar hijos adoptivos como verdaderos hijos. El matrimonio fue sancionado divinamente, como se afirma en el Corán.

De manera que cuando Zayd hubo terminado con lo que le unía a ella, te la dimos como esposa para que los creyentes no tuvieran ningún impedimento en poder casarse con las mujeres de sus hijos adoptivos, siempre que éstos hubieran terminado lo que les unía a ellas. (Al-Ahzab 33:37)

Umm Habiba era otra viuda con quien el Profeta se casó. Ella era hija de Abu Sufyan, un enemigo acérrimo del Islam hasta su posterior conversión. Inicialmente estuvo casada con ‘Ubaydullah, compañero del Profeta. Ambos emigraron a Etiopía, huyendo de la persecución de los mecanos. ‘Ubaydullah se hizo cristiano y luego murió allí. Teniendo en cuenta su difícil situación, pues su padre era enemigo del Islam y su marido un desertor, el Profeta envió un enviado a Negus, rey de Etiopía, pidiéndole que se casara con él. El rey arregló el matrimonio y ella se casó con él cuando tenía 36 o 37 años. Al igual que muchos de sus matrimonios, su matrimonio con Umm Habiba produjo el acercamiento de una gran tribu de los Quraysh, Banu Abd al-Shams, al Islam.

Se casó con otra viuda, Juwayria. Tanto su padre como su esposo eran enemigos acérrimos del Islam. El primero había planeado atacar Medina instigado de los mecanos. Esto llevó al ejército musulmán a marchar contra el clan de su padre. El resultado fue su derrota a manos del Profeta y la muerte del esposo de Juwayria. Después del conflicto, los musulmanes capturaron a muchos prisioneros, uno de los cuales era Juwayria. El padre de Juwayria ofreció un rescate por su libertad. Ella solicitó permanecer al servicio del Profeta y él se casó con ella a petición suya. Su matrimonio resultó en la liberación de todos los prisioneros de guerra de su tribu. Una vez más, este matrimonio llevó al establecimiento de la paz y las relaciones amistosas.

También se casó con una mujer llamada Safiya, viuda también. Su segundo marido fue asesinado en la Batalla de Jaybar. Su padre era el jefe de la famosa tribu judía de Banu Nazir. Fue asesinado en la Batalla de Jaybar, por lo que Safiyya fue hecha prisionero. Finalmente fue liberada y el Profeta se casó con ella. Algunos se quejaron de que simpatizaba con los judíos. Su respuesta fue que eran sus parientes, y el Profeta defendió su posición. Él le dijo que respondiera de la siguiente manera: “Mi padre es Aaron (Harun) y mi tío es Moises (Musa)”. Este matrimonio había conducido a una relación más cercana entre los musulmanes y los judíos de Medina.

Su último matrimonio fue con otra mujer divorciada, Maymuna. Ella se casó dos veces y era muy vieja. Se casó con el Profeta cuando tenía 57 años. La razón de su matrimonio fue que el tío del Profeta, ‘Abbas, lo sugirió para llevar a su tribu –Hilaliyin– al redil del Islam. Eso fue en realidad lo que sucedió; después de su matrimonio con ella, aceptaron Islam.

De lo anterior, vemos que no fueron caprichos y deseos del Profeta lo que provocaron sus matrimonios, sino que Dios planeó sus matrimonios. Le ordenó a su Mensajero después del último matrimonio (con Maymuna) que no se casara más (Corán 33:52), porque para entonces los objetivos de sus matrimonios se habían cumplido, ya que la misión Profética estaba a punto de completarse.

Todo esto no significa que el Profeta no estuviera interesado en el sexo. Seguramente se sintió atraído por el sexo y la belleza, y no era un mojigato al expresarlo. Él dijo: “El perfume y las mujeres me son queridas. Sin embargo, la alegría de mi ojo está en la oración”. También dijo: “Tengo el control total de mí mismo”. De hecho, una mirada a su vida sugeriría que abordaba los diversos aspectos de la vida humana con moderación, ya fuera comer, beber o disfrutar del tiempo con sus esposas, sin caer nunca en exceso. La imagen dada de él por muchos escritores occidentales como promiscuo y licencioso, principalmente debido al hecho de que tuvo numerosas esposas, está lejos de la verdad y de los hechos históricos, como se demuestra arriba. De hecho, sus matrimonios tuvieron un motivo social y un objetivo más elevado que la mera gratificación sexual.

Sería relevante aquí citar a una mujer, erudita occidental, Karen Armstrong, la autora de “Muhammad: Un profeta para nuestro tiempo”, en relación con el tema de los matrimonios de Profeta y la poligamia en el Islam:

“La poligamia no fue concebida para mejorar la vida sexual de los hombres; era una ley de cariz social. El problema de los huérfanos, que preocupó a Muhammad desde el principio de su misión, se había exacerbado debido a las muertes acaecidas en la batalla de Uhud.

Con demasiada frecuencia, personas sin escrúpulos se apoderaron de todo y dejaron a los miembros más débiles de la familia sin nada… La poligamia fue diseñada para asegurar que las mujeres desprotegidas estuvieran decentemente casadas y para abolir los viejos e irresponsables enlaces; los hombres solo podían tener cuatro esposas y debían tratarlas equitativamente; era un acto injustificadamente malvado apropiarse de sus propiedades … El Corán estaba tratando de otorgar a las mujeres un estatus legal que la mayoría de las mujeres occidentales no disfrutarían hasta el siglo diecinueve. La emancipación de las mujeres fue un anhelado querido por el corazón del Profeta… “

Fuente: Tomado del libro “Diez preguntas y respuestas sobre el profeta Mahoma” por Ibrahim H. Malabari

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