¿Anunció Juan Bautista a Muhámmad? (1/2)

juan bautista

El misterio de la preexistencia de los espíritus de los profetas no se ha revelado, pero todo musulmán cree en él.

1- De acuerdo con el testimonio de Jesús, ningún hombre nacido de una mujer era mejor que Juan Bautista. Sin embargo, el “menos” en el reino de los cielos es mejor que Juan. La comparación hecha por el “Espíritu de Dios” (es decir, Jesús) es entre Juan y todos los profetas anteriores como oficiales y administradores del reino de los cielos. Ahora bien, en orden cronológico, el último profeta sería el menor de todos ellos, sería el menor y más joven. La palabra “z’ira” en arameo, como en árabe “saghir,” significa “pequeño y joven”. La versión Peshitta usa la palabra “z’ira” o “z’eira” en contraposición a “rabba” para “grande o viejo”. Todo cristiano admitirá que Jesús no es el “último” profeta, y por lo tanto no puede ser el “menor”. No sólo los Apóstoles fueron honrados con el don de la profecía, sino que también muchos otros hombres santos fueron favorecidos con él en la época apostólica. (Hechos XI 27, 28; XIII I; XV, 32; XXI, 9, 10, etc).

Y como no podemos determinar cuál de estas numerosos Profetas de la Iglesia fue el “último”, nos vemos obligados a buscar en otra parte, y encontramos, naturalmente, un profeta que es, indiscutiblemente, el último y el sello de la lista profética. ¿Podemos imaginar evidencia más fuerte y más brillante en favor de Muhámmad que el cumplimiento, en su santa persona, de esta maravillosa profecía de Jesucristo?

En la larga lista de la familia profética, sin duda el más “joven”, el “pequeño” es Muhámmad; él es el “Benjamín” de los Profetas; sin embargo, es su Sultán, su “Adón” y su “Gloria”. Negar el carácter profético y apostólico y la naturaleza de la misión de Muhámmad es una negación fundamental de toda la revelación divina y de todos los profetas que la predicaban. Todos los demás Profetas juntos no lograron la gigantesca obra que el profeta de Meca hizo en el corto período que duró su misión profética: veintitrés años.

Hay un singular capítulo sobre Juan Bautista en el conocido libro de Ernest Renan en La vie de Jesús. Hace mucho tiempo, leí con atención este trabajo. Si el erudito escritor francés tenía en una menor consideración la reivindicación de Muhámmad en el mundo de los Profetas, estoy seguro de que sus profundas investigaciones y observaciones le hubiesen llevado a una conclusión por completo diferente. Él, al igual que todos los demás disidentes y críticos bíblicos, en lugar de encontrar la verdad, critican la religión de manera adversa y conducen a sus lectores al escepticismo.

¡Estoy feliz de decir que es un privilegio, por la gracia de Allah, resolver el problema, subir el telón del misterio que ha cubierto el verdadero sentido y el significado de “el más pequeño en el reino de los cielos!”

2- Juan Bautista reconoce que Muhámmad es superior y más poderoso que él. Esa expresión significativa hecha a las multitudes judías, “el que viene después de mí” recordó a sus escribas, fariseos y abogados de la antigua profecía de su gran antepasado Jacob, en la que ese patriarca utiliza el título único de “Shilokhah” para el “Rasul Allah”, el epíteto usado frecuentemente por Jesús para Muhámmad, como conserva el Evangelio de Bernabé. En el momento de escribir mi artículo sobre el “Silo” me dijeron que la palabra podría ser una corrupción de “shiloukh” o “Shilokhah”, que significa el Apóstol de Allah, pero no creo que San Jerónimo hubiera entendido la forma hebrea en ese sentido, porque él lo tradujo como “quimittendis est”.

Sólo tenemos un epítome del sermón de Juan de unas pocas líneas, escrito, no por él mismo, sino por una mano desconocida, -al menos en su lengua original- y muy manipulado por los transcriptores y redactores que ya habían hecho de su discípulo Jesús un ídolo o un Dios.

Pero cuando comparamos este sermón pronunciado en el desierto de Judea y en las orillas del Jordán con la maravillosa gracia, la elegancia, la elocuencia, y el poder que encontramos de manera manifiesta en cada verso y página del Corán, entendemos el sentido de las palabras, “¡Él es más poderoso que yo!”

Cuando me imagino al asceta Bautista predicando en voz alta en el desierto, o en las orillas del Jordán, ante las masas de los creyentes judíos, con una historia teocrática de unos cuatro mil años de antigüedad, y luego hago una breve revisión de la manera tranquila, ordenada y digna en la que Muhámmad proclamó sus versos celestiales del Corán a los paganos árabes incrédulos; y, por último, cuando examino el efecto de los dos casos de predicación sobre los oyentes y el resultado final, entiendo la magnitud de la diferencia entre ellos, y de la importancia de las palabras “¡Él es más poderoso que yo! ”

Cuando contemplo la convulsión y el encarcelamiento del indefenso Bautista por Herodes Antipas y su cruel decapitación -o cuando leo cuidadosamente las confusas y trágicas historias de la flagelación de Jesús (o Judas Iscariote) por Pilato, su coronación con una corona de espinas por Herodes y la catástrofe del Calvario- y luego se vuelven mis ojos sobre la entrada triunfal del gran Adon- el sultán de los Profetas- a Meca, la destrucción total de todos los antiguos ídolos y la purificación de la Santa Kaaba; en la escena emocionante en la que el mortal enemigo vencido encabezado por Abu Sufyan a los pies del victorioso Shilohah- el Apóstol de Allah- suplicando clemencia y haciendo la profesión de fe; y la gloriosa adoración, la devoción y el último sermón del Sello de los Profetas en estas Divinas palabras solemnes: “Al-yauma akmaltu lakum dinakum” (“Hoy he completado para vosotros vuestra religión”), etc., entiendo completamente el peso y el valor de la confesión del Bautista, “¡Él es más poderoso que yo!”

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