Fausto Paolo Sozzini

Sozzini

Los escritos de Sozzini fueron conocidos popularmente como el Catecismo Racoviano

Fausto Paolo Sozzini, sobrino de Lelio Sozzini, nació en el año 1539. Su tío le había transmitido lo que había adquirido durante su corta pero provechosa vida. A la edad de veintitrés años, el joven Fausto Sozzini, o Sociano como se le conocía popularmente, se convirtió en heredero, no sólo del legado de su tío Lelio, sino también de la luz de Camillo y de la erudición de Servet. Sin embargo, el legado más precioso consistía en el gran número de manuscritos y notas exegéticas dejadas por su tío.

Sociano recibió su primera educación en Siena, su ciudad de nacimiento. Posteriormente visitó Lyon y Ginebra. Regresó a Italia en 1565. En la ciudad de Florencia entró al servicio de Isabella de Médici. Con ella obtuvo honor y posición. Tras la muerte de Isabella, Sociano se estableció en Basilea. En esta ciudad, el joven erudito atrajo la atención de todos los interesados en el estudio de la teología. Publicó un libro, anónimo y sólo para la distribución privada, dado lo peligroso que era diferir en público de las enseñanzas oficiales de la Iglesia Trinitaria.

El libro llegó a manos de Blandrata que, como ya hemos visto, era el médico de la corte de Polonia. En esa época, Blandrata tenía el valor, la visión, la capacidad y la ambición de liberar las mentes de la gente de la opresión dogmática impuesta por la Iglesia Trinitaria establecida. La tolerancia religiosa de los gobernantes de Polonia había convertido ese país en un lugar sumamente atractivo para los que querían discutir y actuar libremente según sus propias creencias religiosas y no seguir ciegamente los obtusos dogmatismos de la Iglesia. Blandrata invitó a Sociano a Polonia y la oferta fue aceptada de inmediato. En la atmósfera de libertad y camaradería que encontró Sociano, tuvo libertad para escribir y firmar con su nombre sin temer la persecución de la Iglesia Trinitaria. En Italia, y a pesar de que su persona aún estaba a salvo, se confiscaron sus propiedades. Sociano se casó con una mujer polaca y cortó todas las conexiones con su tierra natal.

En esta época los gobernantes de Polonia no creían en la doctrina de la Trinidad, pero todavía andaban a tientas en la oscuridad. No sabían qué camino tomar para producir un dogma positivo. La presencia de Sociano llenó este vacío y satisfizo por igual a los gobernantes y al pueblo entero. El conocimiento que había recibido de su tío, junto con lo obtenido por su propio estudio, se había amalgamado en su intelecto y sus escritos tenían un impacto tremendo dentro de la Iglesia Trinitaria establecida.

Encolerizada, la Iglesia Católica Romana lo mandó arrestar y lo condenó a morir en la hoguera. Sin embargo, el apoyo popular hacia Sociano fue tan grande que el tribunal decidió someterle a la prueba del agua a fin de aportar al juicio mayor seriedad. Esta prueba, junto con la del fuego, había sido adoptada por la Iglesia Trinitaria con el nombre de judicum dei, «el juicio de Dios», a pesar de no haber sido jamás parte de las enseñanzas de Jesús, ni siquiera de Pablo. El resultado de dicha prueba estaba considerado como el juicio inmediato por parte de Dios. En la prueba del agua se arrojaba al acusado a un lugar de aguas profundas. Si se ahogaba era culpable. Sabiendo de antemano que Sociano no sabía nadar, los representantes del clero oficial lo arrojaron al mar. Sin embargo, Sociano logró salvarse y siguió viviendo hasta la hora de su muerte en el año 1604.

En 1605, los escritos de Sociano fueron compilados en un libro. Publicado en Rokow llegó a ser conocido popularmente como el Catecismo Racoviano. Publicado originalmente en la lengua polaca, fue traducido a casi todos los idiomas europeos. Con el tiempo, la enseñanza se propagó por todas partes, y su escuela de teología era conocida con el nombre de Socianismo. Harnack, en su obra «Resumen de la Historia de los Dogmas», equipara al Socianismo con el Catolicismo Romano y el Protestantismo como parte de los últimos estadíos de los dogmas cristianos. Fue en gran parte gracias a Socianus que los Unitarios llegaran a ser reconocidos como una entidad separada dentro del Cristianismo moderno. Harnack afirma en su obra que el Socianismo tenía cuatro características fundamentales:

  • Tener la valentía de simplificar las cuestiones relacionadas con la realidad y el contenido de la religión, al tiempo que eliminaba el peso del pasado eclesiástico.
  • Romper el vínculo entre la religión y la filosofía, entre el Cristianismo y el Platonismo.
  • Ayudar a propagar la idea de que las declaraciones religiosas sobre la verdad, han de ser claras e inteligibles, si se quiere preservar su poder.
  • Tratar de liberar el estudio de las Sagradas Escrituras de las ataduras de los dogmas antiguos, dogmas que ni siquiera estaban en las Escrituras. Alguien dijo que «la ignorancia del laico es el beneficio del clero». Las enseñanzas de Sociano contribuyeron en gran medida a la disminución de ambas.

La religión Sociana cruzó toda Europa y se propagó hasta Inglaterra. Consta que el obispo Hall de Norwich se lamentaba de que «las mentes de los cristianos habían sido seducidas… por la herejía infernal del Socianismo propagada por los anti trinitarios y los Nuevos Arrianos, hasta el punto de que hay que temer la destrucción total del Cristianismo»105.

En 1638 comenzó en Polonia una persecución brutal y minuciosa contra todos los Socianos. El Colegio de Rokow fue cerrado y a los seguidores de Sociano se les privó de los derechos de ciudadanía. Muchas de las personas que afirmaban la Unidad de Dios fueron a parar a la hoguera. Como ejemplo de la situación, en 1639, Catherine Vogal, esposa de un joyero de Polonia, fue quemada viva a la edad de 80 años. Su crimen fue creer que Dios era Uno; que Él es el Creador de los mundos Visible e Invisible y que Dios no puede ser abarcado por el intelecto humano. Esto es el Islam más puro. Fuller escribe que «la quema de herejes sorprendió a la gente del pueblo por la atrocidad del castigo… y ello les motivaba a pensar bien de las opiniones que los herejes defendían incluso con su propia sangre»106.

«James I añade Wallace daba al menos rienda suelta a sus tendencias pirómanas con la práctica menos perniciosa de quemar libros en vez de personas»107.

En 1658 se obligó a escoger a la gente de Polonia entre la aceptación del Catolicismo Romano o el exilio. Los Unitarios se esparcieron por toda Europa. Con ellos iba la enseñanza que continuó siendo una entidad separada durante mucho tiempo.

En los escritos contenidos en el Catecismo Racoviano, Sociano atacaba las raíces del Cristianismo ortodoxo al negar la doctrina de la Redención. A pesar de no saber si Jesús había sido o no crucificado, con lo que dicha doctrina carece por completo de fundamento, Sociano fue capaz de establecer lo absurdo de dicha doctrina basándose en otros principios.

Para resumirla brevemente, la doctrina de la Redención predica que el ser humano nace en estado de pecado por la primera acción errónea de Adán, y que Jesús, con su (supuesta) crucifixión, le redime de este pecado y del resto de las acciones erróneas cuando se bautiza. Según el Cristianismo ortodoxo, la Iglesia es una comunidad religiosa, una sociedad de origen divino fundada por Cristo mediante este trabajo de redención. Sólo dentro de esta congregación y gracias a sus funciones pueden los pecadores encontrar el camino hacia Dios. La Iglesia es decir, el clero de la Iglesia tiene total importancia y prioridad absoluta sobre el creyente individual.

Sociano negaba todo lo anterior. Estaba seguro de que una persona podía acceder directamente a Dios sin necesidad de intermediarios. Para conseguir la salvación, escribió, lo que hace falta no es el bautismo, sino «el raciocinio correcto», y en consecuencia, seguir ciegamente a la Iglesia no era necesario. Al negar esta doctrina, Sociano ponía en cuestión no sólo la autoridad de la Iglesia, sino incluso su rain d’etre. Este fue el motivo por el cual católicos y protestantes unieron con tanto ardor sus fuerzas en la lucha contra el Socianismo. Sociano refutaba la doctrina de la Redención basándose en lo siguiente:

Cristo no estaba en situación de ofrecer un sacrificio infinito por los pecados ya que Cristo, según lo narrado en el Evangelio, sólo sufrió durante un corto tiempo.

Incluso el más intenso sufrimiento soportado en la tierra durante un periodo limitado de tiempo, no es nada comparado con el sufrimiento eterno del Infierno al que está expuesto el ser humano.

Si se dice que el sufrimiento de Cristo era mucho mayor debido a su cualidad de ser infinito, debe también aceptarse entonces que su capacidad para soportar dicho sufrimiento era también infinita. Pero incluso el sufrimiento de un ser infinito no puede redimir el sufrimiento eterno.

Si a fin de defender el argumento, se admite que Cristo propició de alguna manera la redención infinita, esto hace que sea entonces imposible hablar de la misericordia de Dios, o de la gratitud del hombre para con Él al conceder Su perdón ya que cualquier persona bautizada en el nombre de Cristo está automáticamente cualificada para la redención de sus pecados, incluso antes de que Dios lo perdone y anule la penitencia acarreada por éstos.

Aceptar la doctrina de la Redención implica que la Ley de Dios ya no es obligatoria para Sus siervos puesto que, hagan lo que hagan, la penitencia por todos sus pecados ya ha sido redimida.

En consecuencia, la persona que cree en Cristo tiene total libertad para hacer lo que le venga en gana, puesto que como la expiación de Cristo fue absoluta e infinita, debe concluirse que comprende toda cosa y que, en consecuencia, la salvación universal es parte de ello.

Dicho con otras palabras: la lógica inherente a la doctrina de la Redención, implica que Dios no puede exigir más condiciones de las que ya ha impuesto sobre el ser humano. El precio ha sido pagado pasado, presente y futuro por lo que, en consecuencia los deudores están libres, incluso antes de contraer una posible deuda.

Puesto que si suponemos que cierto número de personas deben una gran cantidad a un acreedor de este mundo y alguien se presenta y salda la deuda por completo, ¿qué derecho tendría entonces el acreedor a imponer o exigir cosa alguna sobre estas personas que ya no deben nada?

La doctrina de la redención estaba también implícitamente criticada por Sociano al afirmar que Jesús no era Dios, sino sólo un hombre puesto que es evidente que no hay manera de que un hombre pueda redimir las acciones incorrectas de la gente que cree en él, sin que importe lo mucho que haya sufrido. Este hecho en sí es de sobra suficiente para demostrar lo erróneo del razonamiento en el que se basa la Iglesia establecida, y así desmantelar esta mítica doctrina.

Sociano afirmaba que Jesús era en realidad un ser humano mortal, a pesar de haber nacido de una mujer virgen. Su grado de elevación con respecto a los otros seres humanos se basaba en la santidad que caracterizó su vida. No era Dios, pero recibía inspiraciones procedentes de Dios. Tenía una misión y poderes divinos, pero él no era la fuente de esa visión ni de ese poder. Había sido enviado por Dios y disfrutaba de Su autoridad suprema en esa misión cuyo objetivo era la humanidad.

Sociano apoyaba estas creencias con citas y exégesis de los pasajes más importantes de las Escrituras. Sus argumentaciones sutiles y capaces conferían a las palabras de Cristo un significado racional: Jesús no era la Palabra hecha carne. Era un hombre que había conseguido en su vida la victoria sobre las acciones incorrectas de la carne. No existía antes de la creación del mundo. Y sí que estaba permitido invocar la ayuda de Jesús en la oración, siempre que no fuera considerado o adorado igual que Dios.

Sociano declaraba que Dios es el Señor supremo de todo lo existente: la Omnipotencia no sólo es Su atributo, decía Sociano, sino que además es el atributo que gobierna sobre todos los demás. Dios no admite duda alguna. Lo finito no puede ser medida de lo infinito. En consecuencia, todas las concepciones humanas sobre la naturaleza de Dios son incompletas y no pueden ser consideradas como fundamentos sobre los que basar juicios críticos sobre Él. La voluntad de Dios es totalmente libre y no está limitada por leyes formuladas o concebidas por la mente humana. El deseo y el propósito de Dios están ocultos a los ojos del ser humano. El dominio de Dios implica Su absoluto derecho y Su autoridad suprema sobre cualquier cosa que Él elija en lo que respecta a nosotros y al resto de todas las cosas. Puede leer nuestros pensamientos aunque se oculten en lo más profundo de nuestros corazones. Él puede, como y cuando quiera, ordenar leyes y determinar premios y castigos según sean las acciones e intenciones de la persona. A los seres humanos se les ha dado libertad de elección, aunque en realidad carecen de poder alguno.

Como no puede haber más de un ser que ejerza el dominio absoluto sobre todo lo creado, afirmaba Sociano, hablar de tres personas supremas es irracional. La esencia de Dios es Una, no sólo en atributo sino también en número. No puede contener una pluralidad de personas. Por ejemplo, un individuo es poseedor de una esencia inteligente individual, y en el caso de tres personas numéricas tienen también que existir tres esencias individuales. Si se dice que hay una sola esencia numérica tiene que afirmarse en consecuencia que sólo hay una persona numérica.

La doctrina de la Trinidad fue refutada por Sociano, como por otros antes que él, basándose en la declaración de que Jesús no podía tener dos naturalezas de forma simultánea. Sociano decía que dos sustancias con características opuestas no se pueden combinar en una sola persona, y que en el caso de Dios y Jesús estas características son: mortalidad inmortalidad, tener comienzo carecer de comienzo, estar sujeto a cambios ser inmutable, ser finito ser infinito.

Además, continuaba Sociano, dos naturalezas capaces de ser personas separadas, no pueden aprisionarse en una sola persona. Puesto que en vez de una, lo que aparece necesariamente son dos personas; en consecuencia y en el caso de Jesús, se convierten en dos Cristos, uno divino y el otro humano. La Iglesia dice que Cristo está compuesto de una naturaleza humana y otra divina, como cualquier individuo que tiene cuerpo y alma. Sociano contesta diciendo que, en este caso, es muy diferente a la creencia que postula que las dos naturalezas de Cristo están tan unidas que Cristo está constituido de un cuerpo divino y otro humano. En el caso del ser humano, el cuerpo y el alma están tan unidos que la persona no es sólo alma ni sólo cuerpo, puesto que ni el alma ni el cuerpo por separado forman la persona. En el caso de Jesús, la naturaleza divina constituye una persona de por sí lo cual, necesariamente, implica que la naturaleza humana en sí constituye también una persona separada.

Más aún, argumentaba Sociano, las Escrituras consideran aborrecible afirmar que Jesús tuviera naturaleza divina: en primer lugar, Dios creó a Jesús. En segundo lugar, las Escrituras afirman que Jesús era un hombre. Tercero: en las Escrituras se describen las excelencias de Jesús como un regalo de Dios. Cuarto: las Escrituras indican claramente que Jesús no se atribuye jamás los milagros a sí mismo ni a ninguna naturaleza divina propia, sino que afirma vienen del Padre. Jesús confirmó siempre la Voluntad Divina.

La cita siguiente del Catecismo Racoviano forma parte de la obra de Reland «Reflexiones Críticas e Históricas sobre el Mahometanismo y el Socianismo»:

«La opinión de los que atribuyen la divinidad a Jesús es un hecho aberrante no sólo a la razón sino a las propias Escrituras Sagradas, y están cometiendo un craso error los que creen que no sólo el Padre, sino también el Hijo y el Espíritu Santo son tres personas en una sola deidad…

La esencia de Dios es una pura y llanamente, y en consecuencia es una contradicción manifiesta inventar otra más si ya hay tres personas independientes. Las pobres y débiles razones contrarias de nuestros adversarios, con las que tratan de probar que el Padre había engendrado al Hijo a partir de Su propia substancia, son ridículas e impertinentes…

Hasta la época del Concilio de Nicea, e incluso tiempo después, como demuestran los escritos de los que vivían entonces, el Padre era reconocido como el Dios verdadero, y los que sostenían opiniones contrarias eran considerados herejes…

El mismo espíritu del Anticristo no habría sido capaz de introducir un error más peligroso en la Iglesia de Cristo que esta doctrina que predica la existencia, en la Esencia única de Dios, de tres personas distintas, siendo Dios cada una de ellas; esta doctrina postula pues que el Padre no es el único Dios verdadero puesto que el Hijo y el Espíritu Santo deben estar unidos con Él. La verdad es que no existe cosa más absurda, más imposible ni más repugnante a la razón…

Los cristianos creen también que Jesucristo murió para conseguir nuestra salvación y pagar las deudas contraídas por nuestros pecados; sin embargo, esta opinión es falsa, errónea y extremadamente perniciosa»108.

Sociano afirma que una de las causas que motiva la aceptación de la doctrina de la Trinidad es la influencia de la filosofía pagana, tal y como indica el siguiente pasaje extraído de la obra de Toland «Los Nazarenos»:

“Los Socianistas y resto de Unitarios declaran con rotundidad que los gentiles introdujeron en el

Cristianismo su politeísmo anterior, además de la deificación de los muertos. Mantuvieron el nombre del Cristianismo al tiempo que lo alteraron según los intereses o las exigencias de sus asuntos requerían las opiniones y costumbres de aquellos tiempos, y los intereses o las exigencias de sus asuntos»109.

La razón de que los escritos de Sociano alcanzaran tal aceptación es evidente. No sólo llevaron de nuevo a la gente a una imagen más precisa de Jesús y de su enseñanza, sino que también ayudó a destruir gran parte del poder ejercido por la Iglesia.

La grandeza de Sociano reside en la capacidad de haber producido una teología que era a la vez lógica y estaba basada en la Biblia. Este hecho dificultaba enormemente la tarea de sus adversarios. Por ejemplo: cuando en 1680, el Reverendo George Ashwell se percató de que los libros de Sociano comenzaban a gozar de gran popularidad entre los estudiantes, decidió escribir un texto para refutar la religión Sociana. Citarlo es importante puesto que proviene de la pluma de un enemigo:

«Grande era el patrón de esta secta; persona en quien confluían todas las cualidades que provocan la admiración y atraen las miradas de la gente; encantaba, por así decirlo, con una especie de fascinación a todos los que con él conversaban, y dejaba en la mente de todos ellos una profunda impresión llena de amor y admiración. Destacaba sobremanera lo elevado de su ingenio y la dulzura de su carácter, la fortaleza de sus razonamientos y el poder de su elocuencia. Poseía en grado sumo las virtudes que mostraba ante quienes lo contemplaban. Eran tan grandes sus cualidades naturales y tan ejemplar el curso de su vida que parecía cautivar el afecto de toda la humanidad».

Y luego, después de haber dicho todo lo anterior, Ashwell llega a la conclusión de que Sociano ¡era la trampa que tiende el mismísimo diablo!110

Hoy en día son pocos los cristianos que comparten sobre Sociano los mismos sentimientos contradictorios que el Reverendo Ashwell. Hay una simpatía creciente hacia el Socianismo, al tiempo que una cierta inquietud sobre la manera brutal en la que fue suprimido y junto a todo ello hay una reacción más que manifiesta en contra del Trinitarismo. Muchos de los cristianos capaces de ejercitar la reflexión están ahora de acuerdo con las tesis de Sociano y rehúsan aceptar la pretendida divinidad de Jesús y todo lo que conlleva esta doctrina errónea.

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