Los límites que conforman la forma natural del ser humano

Límites humano hombre

Tenemos que escoger la forma que constituye nuestra verdadera naturaleza

La razón por la que estamos aquí, que es también lo que define nuestra forma exterior es: avenirnos externamente a los límites naturales que nos han sido impuestos con la forma que se nos ha dado y la realización interna de la capacidad de descifrar lo que vemos a nuestro alrededor para aceptar la existencia tal y como es: una efusión generosa y compasiva, la manifestación de la esencia del Dios Único, el Señor de los cielos y de la tierra y de todo lo que existe entre ambos.

Estos límites, que muestran lo que significa ser una criatura humana, han estado desde siempre a disposición de la gente –aceptados por unos y rechazados por otros– además del conocimiento de la realidad verdadera de la existencia. Todas las criaturas, excepto el hombre, tienen su propia forma impresa de manera ineludible y no necesitan estímulos externos para transcender los límites. Pero en nuestro caso, la tendencia es sobrepasarlos. Tenemos que elegir ser humanos. Tenemos que escoger la forma que constituye nuestra verdadera naturaleza. Y es muy importante comprenderlo. Por mucho que tengamos que aprender lo que significa ser realmente humano, lo único que haremos es eliminar la ignorancia y desvelar nuestro patrón orgánico natural.

Lo que se deduce es que, eso que se llama moralidad, no es algo impuesto en el ser humano por conveniencia social, sino que es algo inherente a nosotros, algo que exige nuestra propia forma para el correcto funcionamiento dentro del ámbito social de los seres humanos. Pongamos un ejemplo: hay una especie de ganso que es monógamo por naturaleza. Una vez elegida su pareja, permanece con ella hasta la muerte del otro. Y entonces, el que ha sobrevivido sólo se une a otro ganso cuya pareja también ha fallecido. ¡Y esto no ocurre porque haya un ganso de mayor edad que predica la monogamia! Es un patrón natural, propio de esa especie y que se manifiesta en un contexto social determinado.

El comportamiento ilícito, el satisfacer los apetitos infantiles sin restricción alguna, rasgo característico de la situación humana de nuestros días, es en realidad antinatural. Es una forma de encubrir el sencillo orden moral que es la auténtica realidad de la sociedad humana. La moralidad es el resultado orgánico de un modelo natural al que se le permite expresarse en la esfera social.

Ya hemos visto que toda criatura conoce su forma; y es evidente que la naturaleza compasiva de la existencia no permite que nosotros, la especie humana, quedemos sin saber cuál es la forma que debemos asumir para realizar nuestra humanidad. La verdad es que, por supuesto, no hemos sido abandonados. A lo largo del tiempo que los seres humanos han habitado en este planeta, se nos ha hecho recordar, por una serie de personas que fueron inspiradas por la Realidad para desempeñar esta tarea, el conocimiento que somos capaces de abarcar y la forma que nos pertenece por derecho natural.

Estas enseñanzas han perdurado en parte hasta nuestros días bajo la forma de las, así llamadas, “religiones”, hecho que explica las similitudes que existen entre ellas. Pero la mayoría no son más que fragmentos arqueológicos de las enseñanzas originales que han sido, más o menos, distorsionadas, falseadas y restauradas uniendo piezas sueltas adaptadas a la naturaleza más baja del ser humano. Esto ha hecho que aparezcan como separadas y antagonistas entre sí, ocultando el hecho de ser manifestaciones sucesivas de una enseñanza continua y repetida, transmitida a los hombres por otros hombres enviados por el Creador para enseñarles y decirles qué es el ser humano.

Enseñar e informar. La enseñanza ha sido de palabra y obra. Palabras y ejemplos. Para que ocurra la necesaria transformación, ambas cosas deben ir juntas.

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